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Papa Juan Pablo II

De joven, Karol Józef Wojtyła era un entusiasta jugador de fútbol en la escuela elemental. Aunque sufrió la pérdida de su madre a los 8 años y, más tarde, la de su hermano mayor Edmond, esto no le impidió ir a la Universidad Jaguelónica, donde estudió filología (el estudio de la lengua en fuentes históricas orales y escritas), entre otras materias. Allí desarrolló su talento por los idiomas: llegó a aprender 12, cosa que resultaría ser muy útil en su futuro papel de Papa.
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Pier Giorgio Frassati

Este joven devoto italiano experimentó el fracaso durante su educación. Aunque al principio fue educado en casa, pasó a entrar en el sistema educativo prevaleciente, donde tuvo problemas con sus exámenes de latín, que le obligaron a acudir a una escuela dirigida por padres jesuitas, una bendición disfrazada que le ayudó a fortalecer su vida espiritual aún más. Aunque prosiguió con unos estudios de ingeniería minera, falleció antes de completar su titulación, que le fue concedida de forma póstuma.
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Santa Teresa de Lisieux

A los 8 años, la santa francesa era tan lista que estudiaba en una clase con compañeros de 14 años, aunque seguía teniendo dificultades con las matemáticas y la ortografía. Lo cierto es que generaba envidia entre sus compañeros y llegó a describir estos años escolares como “los más tristes” de su vida. Pasó los años siguientes con la determinación de entrar en las Carmelitas, para lo cual llegó incluso a suplicar la intervención del papa León XIII. Finalmente, a los 15 años, entró en un convento de Lisieux con la bendición de su padre.
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Beato Solanus Casey

El fraile franciscano capuchino tuvo auténticas dificultades en su estudio del sacerdocio a los 21 años, especialmente como hijo de inmigrantes irlandeses estudiando en una escuela alemana. Debido a estas dificultades, Solanus no pudo recibir la certificación para escuchar confesiones o predicar sermones dogmáticos. Esto no le impidió llegar una increíble vida como conserje del monasterio, donde recibía y aconsejaba a los fieles.
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Francisco y Jacinta Marto

Estos jóvenes santos portugueses no recibieron educación formal y eran analfabetos. A pesar de su falta de conocimiento académico, sin duda tenían una profundidad espiritual que los llevaría a dedicar sus vidas a Nuestra Señora después de que se les apareciera en Fátima.
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Beato Stanley Rother

El beato Stanley Rother tuvo una próspera trayectoria en su educación secundaria, al mismo tiempo que participaba en las tareas de la granja familiar y se involucraba en la vida ciudadana. En el seminario se le complicaron las cosas, en especial con el latín, pero por fortuna fue capaz de aprender español y zutuhil lo bastante bien como para ejercer su ministerio para los fieles de Guatemala e incluso traducir el Nuevo Testamento.
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Beata Chiara Badano

Aunque era una estudiante aplicada, esta joven alumna italiana tuvo dificultades con sus estudios y debió repetir su primer año de instituto. Para colmo, tuvo que soportar las burlas de sus compañeros de clase a causa de su devoción a Cristo. Gracias a Dios, fue su fe en Cristo lo que le permitió afrontar su doloroso cáncer terminal y encarar la muerte con serenidad a los 18 años.
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Venerable Carlo Acutis

Otro adolescente italiano cuya fe le ayudó a aceptar y recibir su enfermedad y su muerte con tan sólo 15 años. Aunque aparentemente era buen estudiante, su verdadera pasión eran los ordenadores. Su “friki interior” le sirvió para catalogar los lugares de todos los milagros eucarísticos del mundo, cosa que pretendía emplear como medio de evangelización.