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San Pío de Pietrelcina

A Padre Pío no le faltaban superpoderes, tenía el don de sanar los enfermos, podía bilocarse, levitar y leer la mente de las personas, por eso cuando confesaba no se le podía ocultar nada, él mismo recordaba a la persona “olvidadiza” el pecado amonestándola.

En San Giovanni Rotondo, donde vivía el santo, milagrosamente nunca cayó una bomba en la segunda guerra mundial. Varios pilotos veían en el cielo la figura de un monje con las manos en alto, que los hacía retroceder, las bombas se desenganchaban solas y caían en el bosque y los aviones daban la vuelta sin ninguna intervención de los pilotos. Todos se preguntaban quién era ese fantasma al que los aviones obedecían. Cuando el general junto a algunos pilotos visitaron el convento de los capuchinos, se encontró frente a varios monjes, entre los que inmediatamente reconoció al que había parado sus aviones.

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