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El santuario y la imagen de la Virgen.
San Ignacio, entonces todavía Íñigo de Loyola, encontró una iglesia levantada en el siglo XII. Según él mismo relata en su autobiografía, pasó en vela la noche del 24 al 25 de marzo de 1522, de pie o de rodillas, tal como señala él mismo. La figura de la Virgen de Montserrat es clave en esta conversión. San Ignacio habla de su vela de armas como la que hacían los caballeros ante la dama a la que iban a entregar su vida en matrimonio. Esto supuso una conversión radical, que llevó al caballero Íñigo a buscar la victoria en la batalla por la santidad, entregándose plenamente al amor de Dios. Su sobrino Aharon y otros testimonios explicarían más tarde que san Ignacio fue en más ocasiones a Montserrat. Estuvo en una cueva de la montaña para hacer oración, penitencia y para recibir dirección espiritual del padre Chanon. También para recibir "los Ejercicios Espirituales de esta casa de fray García de Cisneros".
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