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La presencia espiritual de la Virgen.
Montserrat ya era un santuario muy conocido en toda Europa y Oriente Próximo desde comienzos del siglo XVI. San Ignacio, en este sentido, fue uno de los muchos peregrinos que viajaban al lugar con devoción. En Montserrat, ya en época de Íñigo de Loyola, los peregrinos eran recibidos por los monjes, quienes se encargaban de darles alojamiento y comida, normalmente para tres días. Luego solían proseguir su ruta o regresar a su lugar de origen.
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