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Los niños pueden enseñarnos de nuevo a sonreír y llorar

“Sonreír y llorar, dos cosas que en nosotros los grandes, a menudo se “bloquean”, ya no somos capaces… Y muchas veces nuestra sonrisa se convierte en una sonrisa de cartón, una cosa sin vida, una sonrisa que no es vivaz, incluso una sonrisa artificial, de payaso. Los niños sonríen espontáneamente y lloran espontáneamente. Siempre depende del corazón. Y nuestro corazón se bloquea y pierde a menudo esta capacidad de sonreír y de llorar. Y entonces los niños pueden enseñarnos de nuevo a sonreír y llorar” (Audiencia General, miércoles 18 de marzo de 2015).
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Los niños traen consigo la capacidad de dar y recibir ternura

“Los niños además, en su simplicidad interior, traen consigo la capacidad de dar y recibir ternura. Ternura es tener un corazón “de carne” y no “de piedra”, como dice la Biblia (cf. Ez 36, 26). La ternura también es poesía; es “sentir” las cosas y los acontecimientos, no tratarlos como meros objetos, sólo para usarlos porque sirven...” (Audiencia General, miércoles 18 de marzo de 2015).
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Los niños no son diplomáticos: dicen lo que sienten

“Los niños no son diplomáticos: dicen lo que sienten, dicen lo que ven, directamente. Y muchas veces, ponen en dificultad a los padres... Dicen: “esto no me gusta porque es feo” delante de otras personas… Pero, los niños dicen lo que piensan, no son personas dobles. todavía no han aprendido aquella ciencia del “doblez” que nosotros, los adultos, hemos aprendido.” (Audiencia General, miércoles 18 de marzo de 2015).
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Los niños son en sí mismos una riqueza para la humanidad

“Los niños son en sí mismos una riqueza para la humanidad y también para la Iglesia, porque nos llaman constantemente a la condición necesaria para entrar en el Reino de Dios: aquella de no considerarnos autosuficientes sino necesitados de ayuda, de amor, de don…" (Audiencia General, miércoles 18 de marzo de 2015).
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Los niños nos recuerdan que somos siempre hijos

“Los niños nos recuerdan otra cosa bella; nos recuerdan que somos siempre hijos. Incluso si uno se convierte en adulto o anciano, aún si se convierte en padre, si se ocupa un lugar de responsabilidad, por debajo de todo esto permanece la identidad de hijo. Todos somos hijos. Y eso nos vuelve a llevar siempre al hecho de que la vida no nos la hemos dado nosotros, sino que la hemos recibido." (Audiencia General, miércoles 18 de marzo de 2015)
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Dios no tiene dificultad para hacerse entender por los niños

“Es curioso: Dios no tiene dificultad para hacerse entender por los niños, y los niños no tienen problemas para comprender a Dios.” (Audiencia General, Miércoles 18 de marzo de 2015).
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Una sociedad que abandona a los niños corta sus raíces

"Una sociedad que abandona a los niños y que margina a los ancianos corta sus raíces y oscurece su futuro. Y vosotros hacéis la valoración sobre qué hace esta cultura nuestra hoy, ¿no? Con esto. Cada vez que un niño es abandonado y un anciano marginado, se realiza no sólo un acto de injusticia, sino que se ratifica también el fracaso de esa sociedad. (Discurso a los participantes en la plenaria del Consejo pontificio para la familia. 25 de octubre de 2013).
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El sacrificio por los niños nunca es demasiado grande

"Cuando se trata de los niños que vienen al mundo, ningún sacrificio de los adultos será juzgado demasiado costoso o demasiado grande.” (Audiencia General, miércoles 8 de abril del 2015).
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Los niños son inocencia y promesa

"También los padres, cuando saben jugar con los niños, hacen algo muy grande. Jugar con los niños, la expresión de los niños que son inocentes, promesa, de tantas cosas buenas...". (Dispensario pediátrico de Santa Marta, 22 de diciembre 2019). 
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