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A la basílica se llega desde la parada de la metro A, Cavour, pasando por una empinada escalinata llamada escalera Borgia, anteriormente anexa la morada de los famosos Lucrecia y César Borgia.
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Atravesando esta escalera, se llega a la plaza de San Pedro encadenado, donde se encuentra la basílica; es verdad que, comparada con las otras fastuosas basílicas de Roma, puede pasar desapercibida, pero tiene grandes sorpresas en su interior.
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Lo más importante: fue construida en la mitad del siglo V para albergar la reliquia de las cadenas con las que, según la tradición, ataron a San Pedro durante su encarcelamiento en Jerusalén.
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En su interior, a la derecha podemos encontrar la imponente estatua del Moisés, que fue encargada a Miguel Angel en el 1505 para ornamentar la tumba del papa Julio II. Llaman la atención a muchos turistas los cuernos que salen de la meticulosa cabellera del Moisés. Y esta curiosa cornamenta se debe a una mala traducción (en esa época) de la Biblia Hebrea.
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En el Éxodo 34, 35 está escrito: "y los Hijos de Israel vieron entonces que rayos de Luz emanaban de la tez del rostro de Moisés". En este texto, Moisés se caracteriza por tener karan ohr panav ("un rostro del que emanaban rayos de luz"), lo que erróneamente se tradujo por cornuta esset facies sua ("su rostro era cornudo").
El error en la traducción es posible debido a que la raíz trilítera hebrea krn (en hebreo las vocales no se escriben) puede ser interpretada como "keren", luminosidad, resplandor, o "karan", cuerno.
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Más allá de los cuernos, que Miguel Angel prefirió mantener para no quitar la expresión de ira en el rostro, esta obra nos deja impactados por su enorme realismo, un realismo que pareciera que solo se puede expresar meticulosamente en una pintura y no en una escultura de mármol: la protuberancia de los músculos, la hinchazón de las venas, las grandes piernas, pesadas al empezar a moverse.
Tal y como afirma un escritor, si este titán se levantara, el mundo se rompería en pedazos.
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Miguel Ángel lleva la cólera sagrada de Moisés hasta su punto más alto. La sangre fluye como de manera contenida, parece que está a punto de estallar y empezar a gritar, frunce el ceño, su psique se puede captar a través de su gesto y su mirada, es un trabajo psicológico muy estudiado.
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Esta maravillosa obra se ve tan realista que cuentan que Miguel Angel al acabarla, golpeó la rodilla derecha de la estatua y le dijo "¿por qué no me hablas?", sintiendo que la única cosa que faltaba por extraer del mármol era la propia vida. Pero en realidad es sólo una leyenda.