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San Gregorio Magno, padre del canto gregoriano

Sexagésimo cuarto papa de la historia de la Iglesia y teólogo excepcional, san Gregorio (540-604) fue uno de los cuatro grandes Padres de la Iglesia latina junto con san Ambrosio, san Agustín y san Jerónimo. Entre sus numerosas reformas y realizaciones, cabe mencionar que es el padre del canto litúrgico. Es autor de obras patrísticas mayores que han marcado y marcan todavía la historia del cristianismo. Fue en su honor que, dos siglos después de su muerte, al canto elaborado en las abadías de la diócesis de Metz se le llamó “canto gregoriano”. Y así es, gracias a él tenemos el canto gregoriano.
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Venerable Antonio Provolo, musicoterapeuta pionero

Nacido el 17 de febrero de 1801 en Verona, Italia, Antonio Provolo fue ordenado sacerdote en 1824. Se consagró a la juventud y, más concretamente, a la educación de los sordomudos y su integración en la vida social. Músico y cantante, enseñaba a los niños a expresarse con entonación, ritmo y melodías en vez de la lengua de signos. En 1841, logró abrir una escuela femenina para sordomudas. Para perpetuar su trabajo, contempló la creación de una congregación para su fundación Compañía de María para la Educación de los Sordomudos, pero falleció antes de verla creada el 4 de noviembre de 1842.
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Santa Cecilia, mártir, patrona de los músicos 

Joven mártir romana, santa Cecilia es conocida sobre todo por ser la patrona de los músicos. Vivió en Sicilia en tiempos del emperador Marco Aurelio, entre 176 y 180, y fue condenada tras haber convertido a muchas personas, entre ellas su marido. Un pasaje de su leyenda afirma que, camino del martirio, escuchó una música celestial. Esta anécdota la convirtió en patrona de los músicos, de los luthiers y de otros fabricantes de instrumentos musicales. No es de extrañar que bajo el altar de la iglesia de Santa Cecilia de Trastevere (Roma) se encuentre una delicada escultura de la joven mártir Cecilia –una reproducción fiel a su cuerpo recuperado intacto–, que constituye la obra maestra de Stefano Maderno. Órgano portátil, arpa, laúd, violín… Santa Cecilia es representada en el arte con distintos instrumentos musicales. En la actualidad, sigue siendo una inspiración para los artistas.
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Santa Hildegarda de Bingen, abadesa, naturópata… y compositora

Compositora, abadesa, visionaria, poetisa, naturópata adelantada y doctora de la Iglesia: santa Hildegarda de Bingen es una importante figura del siglo XII cuyos escritos y partituras (más de 70 obras sacras destinadas a los oficios) han sobrevivido hasta nuestros días. Sin embargo, en su época se le reprochaba el empleo sistemático del canto y de la música para sus servicios religiosos. Frente a estas recriminaciones, la respuesta de la abadesa fue irrefutable: “Dios debe ser alabado con todos los instrumentos de música que los hombres sensatos e ingeniosos hayan inventado”.
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Beata Dina Bélanger, pianista en busca de lo absoluto

Hija única de Séraphia Matte y de Olivier Bélanger, nacida en Quebec el 30 de abril de 1897, Dina Bélanger tuvo una infancia feliz. Con catorce años, se consagró a Dios haciendo un voto privado de virginidad. Vivió en casa de sus padres hasta 1916, luego se mudó a Nueva York para continuar en el conservatorio de allí sus estudios de piano. Dina, una joven de carácter recto y sensible, se convirtió en concertista de piano con 24 años. Pero decidió interrumpir una carrera artística prometedora: en 1922, Dina eligió la vía oculta de la oración al ingresar en las religiosas de Jesús-María en Sillery, Canadá. Sin embargo, su elección no fue una ruptura, sino una nueva etapa en su búsqueda de lo absoluto.
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Santa Teresa de Ávila: tocaba las castañuelas 

Religiosa española, reformadora del Carmelo, autora de múltiples obras tanto biográficas como poéticas… Pero además, a Teresa de Ávila (1515- 1582) siempre le encantaron la música y la danza. Incluso compró diversos instrumentos de música para el monasterio de la Encarnación, donde era superiora, para que las hermanas pudieran tocar y componer sus propias melodías. Existen testimonios que afirman que santa Teresa, durante los momentos de ocio, tenía por costumbre tocar las castañuelas y la pandereta.
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San Arnold, intérprete de cítara y santo patrón de los organistas

Arnold von Arnoldsweiler (✝793) fue un cantante y músico muy valorado en la corte del emperador Carlomagno. Lleno de talento y delicadeza, Arnold era llamado “el intérprete de cítara”. En señal de reconocimiento, el emperador le regaló un bosque con 20 pueblos alrededor. En uno de esos pueblos –que hoy se llama Arnoldsweiler–, Arnold se instaló definitivamente y ofreció la mayor parte de sus bienes a los pobres. Tras su muerte, fue enterrado en la capilla de su pueblo que es desde entonces destino de peregrinaciones. En la iconografía, es representado con un instrumento musical, como una cítara o un arpa y, casi siempre, con armadura de caballero. San Arnold es el santo patrón de los músicos, organistas y fabricantes de instrumentos de música.
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Santa Rosa de Lima, mística y autora de himnos

Isabel Flores de Oliva, cuya belleza le valió el apodo popular de “Rosa”, nació en Perú en 1586. A los 20 años, quiso unirse al movimiento laico de la Orden de Predicadores. Como dominica laica, dio muchas clases a los niños, incluyendo clases de música: guitarra, arpa, cítara… En la parte de atrás de su casa familiar, Rosa construyó una casita para vivir mejor el Evangelio en la oración y donde vivió profundas experiencias místicas que la motivaron a componer himnos que luego cantaba acompañándose de la guitarra. Amante de la soledad, dedicó gran parte de su tiempo a la contemplación y deseó también introducir a los demás en los arcanos de la “oración secreta”.

 
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Santa Isabel de la Trinidad, virtuosa del piano y del alma

Nacida en Avord, Francia, el 18 de julio de 1880, Élisabeth Catez, Isabel, tuvo una infancia dichosa. Se sintió llamada por el amor de Dios ya desde los ocho años. Artista y música, se apasionó por el piano. Logró incluso el primer premio del Conservatorio a los 13 años. Un año más tarde, hizo voto de virginidad perpetua. Isabel quiso entrar en el Carmelo muy joven, pero su madre se opuso, teniendo en cuenta su edad. Esta espera reforzó su deseo de amor por Dios y su pasión por la música la ayudó en esta prueba: se sentía lista para vivir en lo que ella llamaba “un rinconcito del Cielo”. Finalmente, entró en la Orden del Carmelo de Dijon a los 21 años. “Me parece que he encontrado mi Cielo en la tierra, porque el Cielo es Dios, y Dios está en mi alma”, escribió en una carta.