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Rembrandt, El profeta Balaam y su burra, óleo sobre tabla, 1626, París, Museo Cognacq-Jay © Mbzt. El burro: mientras que los grandes de este mundo se desplazaban a caballo, Cristo decidió entrar en Jerusalén a lomos de un burro para la fiesta del Domingo de Ramos. La modestia de la montura evoca que su realeza no es de este mundo. Aunque el asno se sitúa tradicionalmente al lado del buey en el belén, no aparece así en la Sagrada Escritura. Se trata de una tradición medieval más tardía que recordaba que la venida de Cristo se dirige a toda la creación. Un burro, más concretamente una burra, aparece en el Antiguo Testamento: Balaam, encargado por su rey de maldecir a los israelitas (Nm 22-24) es detenido por un ángel. Es entonces cuando su montura se pone a hablarle y a reprocharle su dureza.
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