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Dedicación, entrega

El deporte hace que madruguen, que aprovechen el rato de estudio. Hay que jerarquizar y emplear bien el tiempo. Además, exige constancia y regularidad: una o dos veces por semana, los fines de semana... Habrá temporadas en que se hace cuesta arriba y es entonces cuando se nota si han asumido su responsabilidad en la tarea.

 
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Responsabilidad

En el deporte los niños encuentran sus primeros ámbitos de responsabilidad: cuidar el material, ser puntuales en los encuentros, jugar y defender la posición que les toca tanto en días buenos como en los días en que no se encuentran al cien por cien...
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Esfuerzo, fortaleza

Todo ejercicio físico cuesta al principio y exige superación constante. El deporte ayuda a mantenerse en pie de lucha frente a los obstáculos que uno encuentra en la vida.
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Ilusión

Cada encuentro y cada entrenamiento puede potenciar el sentido optimista de la vida. Los niños tienen derecho a tener ilusiones con sus pequeños retos (una victoria, visitar una ciudad donde se celebra un torneo, estrenar un material deportivo...). Trabajando la ilusión es más fácil superar después los malos momentos de derrotas, lesiones o fracasos.
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Amistad

Un equipo es una plataforma maravillosa para conocer a otros niños  y crear un nuevo grupo de amigos. Con ellos van a pasar muchas horas de la infancia y eso crea lazos para toda la vida. Eso se multiplica si los padres conocen a otros padres y establecen relaciones sociales como pasar fines de semana juntos o acudir en grupo al torneo.
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Convivencia

Al hacer deporte, los niños "liman" su carácter con el de otros niños que no son sus hermanos. Aprenden a compartir, a ser serviciales, a dialogar y explicar las cosas fuera del entorno escolar (del aula) y familiar.
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Cooperación

En el deporte todos suman, desde los jugadores hasta el entrenador y desde el portero hasta el goleador. A eso se añade la relación que pueden establecer los niños con los espectadores cuando estos manifiestan deportividad.
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Compañerismo

Hasta la preadolescencia, en el niño crecen y arraigan todas las virtudes de una forma más rápida que en otras etapas de la vida. Es el momento de encontrar amigos y compartir vivencias.
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Tolerancia

Los niños detectan la diferencia, pero aprenden que el juego permite establecer lazos de amistad con niños de diferente raza, religión o cultura.
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Constancia

El gota a gota del entrenamiento hace que los niños aprendan a tener rutinas con más facilidad. Vencen la pereza de forma más rápida y sin quejas.
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Diversidad, inclusión

La diversidad funcional puede verse de forma clara en el deporte. Esto permite que los niños aprendan a generar conductas de inclusión entre sus compañeros: en la escuela, en el pueblo, en el barrio...
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Solidaridad

En el deporte aprenden a observar a los demás y detectar lo que le ocurre, lo que necesita... Despertará su generosidad.
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Respeto

Atender a las llamadas del entrenador, de su familia o de los compañeros activa su capacidad de respeto, su paciencia y su autocontrol, también en momentos emotivos (una injusticia de arbitraje, por ejemplo).
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Empatía

El niño aprende a detectar qué le ocurre al compañero y a ponerse en su lugar. Hay que dejar que hablen y que se expliquen entre ellos lo que les sucede y lo que piensan. Pueden ir adquiriendo así la madurez interior.
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Trabajo en equipo

La bondad del deporte hace que un equipo sea casi una obra de arte, por la belleza que transmite ver a un grupo de amigos jugando y entrenando. El trabajo en equipo ayuda a cada uno a despertar su capacidad de liderazgo, de apoyo incondicional y de lealtad se esté en el puesto en que se esté. Ayuda a vivir la humildad y a sentar a los niños en la realidad del juego.