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Tulipán
Entre las primeras plantas que fueron importadas a Europa con éxito fueron las del Cercano Oriente, en particular bulbosas de Turquía. Entre éstas se debe recordar la inmensa suerte del tulipán, cuya pasión llevó en menos de cincuenta años de su primera aparición en Europa, en 1554, a una de las fiebres lucrativas más devastadoras jamás existentes, visto que sobre todo en las provincias unidas del norte de Europa (la actual Holanda) los preciosos bulbos eran valorados mucho más que el oro y la clase mercantil hizo un verdadero y propio status symbol. El tulipán encarnaba los conceptos de monarquía y de vida cortés, era expresión de paz y de renovación y, al mismo tiempo, de búsqueda espiritual. El tulipán, especialmente rojo, se parecía a la flama mística con la que el verdadero buscador se sacrifica en el intento por alcanzar a Dios. Era, por lo tanto, la expresión perfecta para representar el verdadero amor y el amor divino. A partir del siglo XVII se volvió una de las flores más amadas y más representadas en la naturaleza muerta, y fue rápidamente asociada a las flores de María y Jesús.
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