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3ª edad de oro: Nuestro noviazgo.

Nuestra amistad se transformó en noviazgo.

Nos descubrimos así con el deseo de identificarnos y unirnos cada día más, sin que nuestros sentimientos pudieran ser una mágica locura de duración limitada, como los fuegos artificiales que se elevan y luego se van desvaneciendo. 

—No fue así—enfatizó mi padre—, nosotros contamos con la intención de amarnos y unirnos cada día más de una manera creativa e ilusionada. Eso hizo que descubriéramos que el amor tiene su propio tiempo y espacio, pues tuvimos la certeza de que aquello que sentíamos y vivíamos no pasaría jamás.

Era como un nuevo principio de vida, una hermosa etapa en la que nos encontrábamos muy unidos en las obras y por nuestra sensibilidad, aun cuando todavía no en nuestro ser.

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