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Brueghel el Viejo, 1567, Museo de Historia del Arte, Viena (Austria)
Como tiene por costumbre, Brueguel el Viejo se despega de las convenciones iconográficas. Y es que, en un primer vistazo al cuadro, la temática no resulta evidente. Una tropa de soldados en las montañas y, en el centro —apenas distinguible—, uno de ellos cayendo a tierra deja imaginar un simple accidente. Ahí está toda la fuerza de Brueghel, que sabe transportar con brillantez los episodios bíblicos a un entorno familiar. Solo el débil rayo de sol que atraviesa las nubes, a la izquierda, permite adivinar la intervención divina.
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