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Evitar los banquetes.
Ciertamente, existen otros platos riquísimos que no tienen carne. No tendría sentido que lo que nace como una pequeña mortificación se convierta en un manjar. O en una comilona. Se puede enseñar a nuestros hijos a no repetir si la comida ha sido suficiente, por muy rica que esté. El Papa recuerda que hay platos típicos de temporada: «¡esos platos hacen un banquete! No es cambiar de platos o hacer el pescado de un modo u otro, más sabroso». Por ello, recomienda que sea un ayuno “humilde y verdadero”. Esa humildad en la mesa familiar se traslada también a los pequeños, que pueden comer cosas más sencillas que lo habitual.
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