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Humildad y trabajo, a la espera de tiempos mejores

"Hay que saber esperar - con la conciencia del deber cumplido y con gran humildad- la continua asistencia del Señor. En Él está la base de nuestra fortaleza y de la segura continuación de nuestro buen camino", (03-04-1959).
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Cultiva la esperanza

"Cultiva la esperanza, que es la segunda virtud teologal y se encuentra tan bien situada entre sus dos hermanas: la fe y la caridad" (5.07.1951).
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Saber esperar

"Sabed esperar; pero, mientras esperáis, trabajad" (17.02.1957)
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El mal no supera el bien

"Si es cierto que, tanto ayer como hoy, el mal es una triste realidad, esto no quiere decir nunca que llegue a superar al bien" (17.02.1962).
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Permanecer firmes en la esperanza

"Suceda lo que suceda - y nunca sucedería nada malo si tenemos firme y honda la fe en el Dador de todo bien- permaneceremos firmes en nuestra esperanza", (02.09.1961).
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Fuertes en la fe

Nos sentimos fuertes en la fe. Junto a Jesús podemos atravesar no sólo el pequeño lago de Galilea, sino todos los mares del mundo. La palabra de Jesús basta para la salvación y la victoria". (22.12.1960).
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No tener miedo

“¡Hermanos y hermanas! ¡No tengáis miedo de acoger a Cristo y de aceptar su potestad! ¡Ayudad al Papa y a todos los que quieren servir a Cristo y, con la potestad de Cristo, servir al hombre y a la humanidad entera! ¡No temáis! ¡Abrid, más todavía, abrid de par en par las puertas a Cristo! Abrid a su potestad salvadora los confines de los Estados, los sistemas económicos y los políticos, los extensos campos de la cultura. de la civilización y del desarrollo. ¡No tengáis miedo! Cristo conoce ‘lo que hay dentro del hombre’. ¡Sólo El lo conoce!” (22.10.1978).
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La esperanza vence el miedo

“La humanidad debe aprender a vencer el miedo. Debemos aprender a no tener miedo, recuperando un espíritu de esperanza y confianza. La esperanza no es un vano optimismo, dictado por la confianza ingenua de que el futuro es necesariamente mejor que el pasado. Esperanza y confianza son la premisa de una actuación responsable y tienen su apoyo en el íntimo santuario de la conciencia, donde el hombre está solo con Dios, y por eso mismo intuye que ¡no está solo entre los enigmas de la existencia, porque está acompañado por el amor del Creador!” (05.10.1995).
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La esperanza que viene de Jesús

“Muchos peligros se ciernen sobre el futuro de la humanidad [...]. El mensaje de esperanza que nos viene de Jesucristo ilumina este horizonte denso de incertidumbre y pesimismo. La esperanza nos sostiene y protege en el buen combate de la fe … Hoy no basta despertar la esperanza en la interioridad de las conciencias; es preciso cruzar juntos el umbral de la esperanza” (11.11.1998).
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No dejen que muera la esperanza

"No dejéis que muera esa esperanza. Apostad vuestra vida por ella. Nosotros no somos la suma de nuestras debilidades y nuestros fracasos; al contrario, somos la suma del amor del Padre a nosotros y de nuestra capacidad real de llegar a ser imagen de su Hijo” ( 28.07.2002).
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Ofrecer a Dios el propio dolor

“Vosotros que vivís bajo la prueba, que os enfrentáis con el problema de la limitación, del dolor y de la soledad interior frente a él, no dejéis de dar un sentido a esa situación. En la cruz de Cristo, en la unión redentora con El, en el aparente fracaso del Hombre justo que sufre y que con su sacrificio salva a la humanidad, en el valor de eternidad de ese sufrimiento está la respuesta. Mirad hacia El, hacia la Iglesia y el mundo y elevad vuestro dolor, completando con El, hoy, el misterio salvador de su cruz” (06.11.1982).
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Crecer como personas en Cristo

“El eclipse del sentido de Dios y del hombre conduce inevitablemente al ‘materialismo práctico’, en el que proliferan el individualismo, el utilitarismo y el hedonismo … En semejante contexto el ‘sufrimiento’, elemento inevitable de la existencia humana, aunque también factor de posible crecimiento personal, es ‘censurado’, rechazado como inútil, más aún, combatido como mal que debe evitarse siempre y de cualquier modo. Cuando no es posible evitarlo y la perspectiva de un bienestar al menos futuro se desvanece, entonces parece que la vida ha perdido ya todo sentido y aumenta en el hombre la tentación de reivindicar el derecho a su supresión” (Encíclica ‘Evangelium Vitae’, 25.03. 1995, N. 23).