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El primer paso en la confección de mascarillas es cortar el material. Margaret marca y corta cuidadosamente la tela para crear los componentes que luego se coserán en su mesa del comedor.
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“Nuestro Pastor nos envió un email a Amy, Martina y a mí sobre un grupo de monjas de clausura (…) y eso puso en marcha la rueda; pensamos: ‘¡Eso lo podemos hacer!’”.
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Las secciones suaves del interior están listas para el ensamblaje.
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Al otro lado de la ciudad, Martina cose las secciones y las bandas elásticas en la mesa del comedor.
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“Han venido muchísimas personas porque no tenían ninguna [mascarilla]. Una mujer hacía un mes que no salía de su casa y decía: ‘¡Al menos ahora puedo ir a comprar comida!’. Cuando vinimos de Irlanda, llegamos sin nada y fuimos bendecidos. Ahora nos toca ayudar”.
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Cada mascarilla viene con una frase de santa Isabel Ana Seton: “Sabemos con certeza que nuestro Dios nos llama a la vida santa. Sabemos que nos da cada gracia, cada gracia de abundancia; y aunque somos débiles por nosotros mismos, esta gracia es capaz de llevarnos a través de cualquier obstáculo y dificultad”.
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“¡Es como una máquina bien engrasada!”. Así describe Amy cómo organiza el equipo la producción y la distribución de mascarillas y boletos de compra de alimentos.
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“Es un grupo de personas increíbles, es vivir el servicio en la acción. He trabajado 16 años para las monjas dominicas y dejaron una profunda huella en mí (…) y sabía cuando me marché que todavía tenía una misión”. - Amy
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“El milagro no es que hagamos el trabajo, sino que estemos encantadas de hacerlo”. Madre Teresa, citada por las mujeres de MOM.