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No culparse

Es importante recordar que los hijos tienen la libertad de tomar sus propias decisiones y son responsables por ellas. Si te culpas como padre estarás perjudicando a tus hijos aún más porque les quitas la culpa y es menos probable que aprendan algo de ese fracaso.
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No predicar

Por lo general los jóvenes ya se sienten culpables cuando hacen algo malo. Saben cuando su comportamiento les causa dolor a sus padres y son conscientes cuando violan los códigos morales que les has enseñado. No hace falta predicarles o condenarlos. 
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No tratar de arreglarlo

Al intentar eliminar las consecuencias del error impedimos que madure. Para que sean responsables tienen que saber que ellos son los que tendrán que hacerse cargo de sus errores.
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Dar amor incondicional

No importa el error, los hijos deben saber que aunque tienen que asumir consecuencias, son amados. Si se siente amado aumentará la probabilidad de que enfrente el error, acepte las consecuencias como merecidas y trate de aprender algo positivo de esa experiencia.
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Escuchar con empatía

Se trata de ponerse en los zapatos de los jóvenes y tratar de comprender lo que los llevó a cometer los errores y cómo pueden estar sintiéndose en ese momento.
Cuando los hijos perciben que sus padres intentan comprenderlos y se identifican con sus sentimientos, se sienten alentados a continuar hablando y aclarar sus propias ideas.
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Brindar apoyo

Lo que es importante es que sepan que no están solos y que quieres acompañarlos en el dolor y las dificultades.
Después de escuchar y comprender cómo piensan y se sienten, estarás en una mejor posición para darles apoyo emocional.
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Ser guía

Guiar es ayudarlos a pensar la situación y que sean ellos los que tomen las decisiones inteligentes.