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No digas a todo que sí

Es recomendable aprender a decir no puede ser. En todos los ámbitos de la vida. Y en el trabajo también.
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Recuerda que sólo tenemos una vida

A veces el miedo a perder el empleo, a buscar otra cosa con un peor salario, nos inmoviliza. Y pasamos años y años atascados en un empleo que no nos hace feliz. No sólo eso, sino que nos quita la salud, la vida. Recuerda que pasamos muchas horas de nuestra vida trabajando. Si el trabajo te lleva al lado oscuro, algo está mal.

 
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Otea el mercado laboral

¿Estás siempre amargado? ¿Y si cambiar te hiciera ver la luz? Hoy no es como el siglo pasado cuando el trabajador entraba en una empresa y desarrollaba toda su vida o casi toda en ella. Hoy la movilidad es un punto positivo.
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Diferenciar entre reto y presión insana

El estrés laboral nace del desequilibrio de aquello que nos piden como unos objetivos ingentes, frente a lo que nuestro yo puede dar.

Una cosa es tener retos, que podríamos plantear como objetivos de venta realistas y otro, que se nos impongan quimeras inalcanzables.

 

 
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No vales sólo por lo que te reconocen

Otro de los motivos del estrés laboral es no sentirse valorado. Empezamos por ver que nuestro jefe o nuestros compañeros nunca nos felicitan ni por nuestro esfuerzo ni por nuestros logros y a final, hasta dudamos de los mismos.
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Piensa en tu familia

Haz un balance de tu trabajo: ¿Por ejemplo? Una lista de pros y contras de qué te da y qué te quita tu trabajo. ¿No te permite pasar tiempo con tu familia? Los fines de semana es como si no estuvieras. Llegas a casa a dormir y ése es tu día. Hay psicólogos que indican que el 25% de los problemas de pareja llegan por el trabajo. Para. Piensa. ¿No puedes organizarte de otra manera? ¿Cambiar horarios? ¿Reducir objetivos?
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Pide ayuda

Y si no puedes, si no levantas cabeza… Por favor, busca la ayuda de un experto. Un terapeuta, un psicólogo, un coaching… tienes muchas opciones que pueden ayudarte. Recuerda los porcentajes y recuerda que se trabaja para vivir, no se vive para trabajar.