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Inspirarse de la vida cotidiana

Vincular la parábola a un acontecimiento vivido durante el día coloca al niño en la situación de los contemporáneos de Jesús: los ejemplos elegidos por Jesús se hacen concretos para el niño.

Eso es especialmente importante para los pequeños que viven en zonas urbanas y que tienen pocas oportunidades de ver, aparte de en la televisión o en los libros, un campo de trigo, una planta en crecimiento, un fruto en el árbol o un rebaño de ovejas.
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Usar libros

Para ilustrar la parábola recordando al niño lo que ha visto durante el día, se puede utilizar un libro, ya sea un libro religioso que presente las parábolas ilustradas, o un libro para profanos con fotos o dibujos apropiados (vid, campos de trigo, ovejas, etc.).
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Imitar e ilustrar las parábolas

Como todo fragmento del Evangelio, el texto puede ser mimado por los niños, que así van presentando no sólo el relato propuesto por Jesús, sino también su significado profundo. Por ejemplo, los niños pueden mimar el Evangelio de la oveja perdida representando primero el rebaño, la oveja perdida y el pastor que va en busca de ella, luego el pecado, el arrepentimiento y la alegría del perdón.
Las parábolas también se pueden dibujar o utilizar para varias tareas manuales. Por ejemplo: tableros de semillas encoladas, ovejas de algodón con patas de cerillas, racimos de uvas u otras frutas hechas de pasta de sal, etc.
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Arreglar el rincón de oración

El rincón de oración puede ser decorado según la parábola elegida: un ramo de espigas, follaje, semillas germinadas, modestas flores de campo, plumas de pájaro encontradas en el suelo o dibujos y fotos que evocan estos elementos naturales.
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Poner las parábolas en el corazón de la oración en familia

Leer la parábola, imitarla, ilustrarla no es suficiente, por supuesto. Todo esto sólo es una introducción a lo esencial, es decir, a la oración.
También puede ser una manera de renovar un poco la oración en familia (en cuanto a la forma): empezamos hablando de un descubrimiento o de un acontecimiento del día (por ejemplo, un paseo por las viñas), contamos o leemos la parábola, la repetimos con gestos, y poco a poco nos recogemos para entrar en la oración silenciosa.
Unas pocas palabras en voz alta, una canción puede prolongar esta oración silenciosa antes de recitar juntos el "Padre Nuestro" y el "Ave María", como todas las noches.
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Meditar sobre los textos del Evangelio

La parábola también puede ser utilizada como marco para un examen de conciencia. La parábola del sembrador nos invita a preguntarnos cómo recibimos la Palabra, la de la oveja perdida nos conduce a preguntarnos sobre la ansiedad por ser encontrados por el Pastor divino, etc.
Aprovechemos las vacaciones para redescubrir con la familia estas parábolas que el Señor nos da para ayudarnos a encontrar el camino hacia el Reino.