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Mejorar la relación padres-hijos
El juego promueve la empatía padres hijos, y cuando son muy pequeños, las primeras relaciones significativas aunque no verbales entre la madre y el recién nacido son vitales y fuente de seguridad. No nos podemos quitar los niños de encima en esta sociedad estresada y frenética que los convierte a veces en bultos en medio del pasillo. Y tendemos a hacerlo. Hay que tratarlos, hablarles, conocerlos, cultivar su confianza, saber cómo son y qué les preocupa. En el juego se produce ese encuentro privilegiado entre padres e hijos. El juego es el momento e educarlos. También el maestro, pero ya es otra situación, conoce a sus alumnos durante el juego. Los niños suelen decir: “Papá, mamá, mira que hago”. Entonces no pueden ver a unos padres enfocados en sus móviles y ausentes del terreno de juego. El niño no se puede quedar con la sensación que sus padres le ignoran. No se trata de estar detrás del niño a todas horas: se trata de incentivar su juego autónomo o con amigos y primos para que aprenda esas pautas que se resaltan en los puntos anteriores. Nosotros, padres y maestros,  con nuestra atención le vamos a enseñar a jugar. Un ejemplo: no en una atención constante pero sí en una atención que les permitirá sentirse a gusto con las iniciativas que despliegan pues a cada paso que dan, cada veinte minutos,  alabamos aquel castillo hecho con LEGO que progresa con mucho arte. O con cualquier otro juguete que sabemos que le gusta y que le lleva a alcanzar unas altas cotas de atención, determinación y perseverancia.
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