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Desestresar
Los niños también padecen estrés. Ante la adversidad, el cansancio y a menudo ante los conflictos en el colegio y en el hogar. Los niños toleran mal el conflicto de los padres y notan cuando son arrinconados. Si usted ve que su hijo está de mal humor y todo el tiempo está apesadumbrado, el primer paso es saber qué sucede, que le pasa, pero un segundo paso es resolver su conflicto y procurarle el desahogo que necesita: probablemente un juego que le exija concentrase y olvidar sus pequeños o grandes males. Los padres a menudo perciben que sus hijos están de mal humor cuando no se les permite contar con el tiempo suficiente para jugar. Las extraescolares forzadas pueden ser raíz de estrés. Cuando se olvida el tiempo de juego básico, quizá con su actividad física correspondiente, los niños pueden llegar a ser más gruñones y reservados. El juego es una forma maravillosa para reducir el estrés y además les proporciona la sensación de que controlan aspectos de su vida.  En el juego se sientes sujetos agentes, y emprendedores y nos sujetos pacientes. Y entendemos como sujeto paciente aquel que no puede expresarse en sus aspiraciones más hondas y casi su vida se reduce a padecer todo lo que sucede a su alrededor sin contar con válvulas de escape. Y aliviar el estrés, que pasa a menudo por preservar al niño de la adversidad y un trato negligente, también facilita la construcción adecuada de la arquitectura cerebral. Y es que en situación del estrés, aunque le veamos quieto o impasible, las descargas de neurotransmisores como el cortisol no benefician su desarrollo cerebral.
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