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Mejorar el comportamiento

Lo dicen los maestros. Tras el recreo los niños traen “cara sonriente de juego”. Vuelven a clase con caras felices y descansadas y mejoran su comportamiento. Se olvidan de sus problemas en el patio y descansan después de estar concentrados. Contar con este tiempo de refresco, de sosiego, de descompresión hace que se centren atentamente en sus materias una vez el recreo ha terminado. Y si son pequeños, si cursan Educación Infantil, el juego, quizá más agitado y libre del recreo, continuará en clase de un modo más guiado.
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Explorar, resolver problemas y tomar decisiones

Un aula no puede sustituir un bosque con un riachuelo que hay que vadear, con gusanos y flores, con brisa y lluvia de la que protegerse.
Esa exploración, ese reconocimiento de la biodiversidad y la complejidad de un mundo abierto, esa experimentación directa no admite comparación. Las escuelas lo saben y las hay que sistemáticamente se acercan a la naturaleza. Las familias también y se plantean excursiones en esta dirección. 
Y si esa salida a la naturaleza además supone una tienda de campaña que hay que plantar, unos mini fogones para hacer la cena y una observación de las estrellas entrada la noche, entonces solo podemos optar por  el silencio ante tanta maravilla.
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Desestresar

Los niños también padecen estrés. Ante la adversidad, el cansancio y a menudo ante los conflictos en el colegio y en el hogar. Los niños toleran mal el conflicto de los padres y notan cuando son arrinconados. Si usted ve que su hijo está de mal humor y todo el tiempo está apesadumbrado, el primer paso es saber qué sucede, que le pasa, pero un segundo paso es resolver su conflicto y procurarle el desahogo que necesita: probablemente un juego que le exija concentrase y olvidar sus pequeños o grandes males.
Los padres a menudo perciben que sus hijos están de mal humor cuando no se les permite contar con el tiempo suficiente para jugar.
Las extraescolares forzadas pueden ser raíz de estrés. Cuando se olvida el tiempo de juego básico, quizá con su actividad física correspondiente, los niños pueden llegar a ser más gruñones y reservados. El juego es una forma maravillosa para reducir el estrés y además les proporciona la sensación de que controlan aspectos de su vida.  En el juego se sientes sujetos agentes, y emprendedores y nos sujetos pacientes. Y entendemos como sujeto paciente aquel que no puede expresarse en sus aspiraciones más hondas y casi su vida se reduce a padecer todo lo que sucede a su alrededor sin contar con válvulas de escape. Y aliviar el estrés, que pasa a menudo por preservar al niño de la adversidad y un trato negligente, también facilita la construcción adecuada de la arquitectura cerebral. Y es que en situación del estrés, aunque le veamos quieto o impasible, las descargas de neurotransmisores como el cortisol no benefician su desarrollo cerebral.
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Promover funciones ejecutivas

Fomentar la memoria de trabajo, su control, la atención y su capacidad de pensamiento flexible, adaptado y creativo. Y eso se logra con juguetes exigentes. ¿Divertidos?  Sí, pero también capaces de retar al niño.

En otros casos la atención se fomentará con un instrumento musical, o participando en actividades como el juego dramático: actuar, recordar los papeles, esperar el turno, asumir la representación de un personaje, concentrarse en la actuación de los demás, aceptar las reglas.

También la lectura y la creación literaria  y juegos matemáticos recreativos. Juegos y juguetes asociados tienen un denominador común: son juegos que exigen perseverancia y autocontrol, y atención y resolver problemas con cierta precisión.
La ciencia está señalando que niños, y no tan niños están, jugando a tirones y sin perseverancia. Son caprichosos y se han entregado a la novedad constantemente en una actitud de picoteo y a veces de caprichoso. Puede que la raíz de esta inatención y capricho esté en la sobreestimulación de pantallas. Y el mundo real del presente y sobre todo del futuro no va a estar entreteniéndolos constantemente en un brillante mundo de color, canciones y acelerados cambios de plano.  Necesitan promover no solo una buena autorregulación y comportamientos sino ensayar aquellas destrezas, habilidades más afinadas que les va a exigir el futuro, en la enseñanza secundaria, en la universidad o la formación profesional. En el mundo laboral y también familiar. 
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Imaginar creativamente, crear imaginativamente

El juego imaginativo es una parte importante del mundo de nuestros alumnos e hijos. No es ningún secreto que los niños necesitan la imaginación para construir el mundo: unas veces es un mundo fantástico que siempre debe ser complementado como el mundo real de cada día.
Por los niños deben hacer volar la imaginación  y a la vez deben expresar que han descubierto, qué han creado, qué han imaginado: en dibujos, en palabras, en representaciones, dando rienda suelta a las impresiones que les causa tanta sorpresa ante el mundo que están estrenando.
Participar en cuenta-cuentos, leer u hojear libros ilustrados, asistir a un museo de la ciencia anima a los niños a jugar y enriquecer su imaginación y creatividad. Crecen y empiezan a ver que el mundo está lleno de posibilidades. Además si sus maestros (y padres)  les potencian las iniciativas creativas tienen la vida por delante. Pueden pensar fuera de lo habitual y llegar a soluciones innovadoras en la escuela, en casa, y en el futuro, por ejemplo, en el trabajo.
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Mejorar la relación padres-hijos

El juego promueve la empatía padres hijos, y cuando son muy pequeños, las primeras relaciones significativas aunque no verbales entre la madre y el recién nacido son vitales y fuente de seguridad. No nos podemos quitar los niños de encima en esta sociedad estresada y frenética que los convierte a veces en bultos en medio del pasillo. Y tendemos a hacerlo.
Hay que tratarlos, hablarles, conocerlos, cultivar su confianza, saber cómo son y qué les preocupa. En el juego se produce ese encuentro privilegiado entre padres e hijos. El juego es el momento e educarlos. También el maestro, pero ya es otra situación, conoce a sus alumnos durante el juego. Los niños suelen decir: “Papá, mamá, mira que hago”. Entonces no pueden ver a unos padres enfocados en sus móviles y ausentes del terreno de juego. El niño no se puede quedar con la sensación que sus padres le ignoran.
No se trata de estar detrás del niño a todas horas: se trata de incentivar su juego autónomo o con amigos y primos para que aprenda esas pautas que se resaltan en los puntos anteriores. Nosotros, padres y maestros,  con nuestra atención le vamos a enseñar a jugar.
Un ejemplo: no en una atención constante pero sí en una atención que les permitirá sentirse a gusto con las iniciativas que despliegan pues a cada paso que dan, cada veinte minutos,  alabamos aquel castillo hecho con LEGO que progresa con mucho arte. O con cualquier otro juguete que sabemos que le gusta y que le lleva a alcanzar unas altas cotas de atención, determinación y perseverancia.
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Mantenerse activo

En el juego empieza la capacidad de emprender ¡Los niños activos se convierten en adultos activos!
Los niños que participan en un mínimo de 2 horas de actividad física en lugar de sentarse ante las pantallas (TV, móviles, tabletas, etc.) son más activos a medida que crecen.
¡Anime a sus hijos y alumnos a levantarse y ponerse en marcha cualquier actividad en vez de permanecer sedentarios.
Los beneficios del juego en la primera infancia se convertirán en un hábito que mejorará su bienestar general como adultos.
Un sábado por la mañana donde un niño toma la bicicleta hacia las diez, para seguir con ella hasta las 12, proponiéndoselo él mismo, pidiéndoselo a sus padres, trazándose ese objetivo la noche anterior es un niño con futuro.
Y nada digamos de la salud, de la masa y tono muscular, de la psicomotricidad. Mejorar las actividades de equilibrio como saltar y trepar da fuerza, y las actividades deportivas a mejoran el crecimiento físico y la flexibilidad.
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Desarrollar la empatía

Y para respetar a los compañeros hay que  aceptar y saber leer sus sentimientos. Aprenden con el juego a ser sensibles a los sentimientos de los demás y a negociar, cooperar, y ajustarse con los demás leyendo expresiones, descubriendo afectos, entendiendo actitudes y  adaptándose a diferentes situaciones, y, a veces, todo ello puede significar renunciar a su juguete favorito también.

Los niños expresan entonces sus sentimientos a través de sus historias, dibujos y creaciones antes de empezar a expresarse con palabras más afinadamente. Y ahí nace la amistad y la capacidad de convivir.
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Les hace sociables

Aprenden cómo jugar bien y en equipo. Aprenden a compartir tareas con los  amigos. Ahí se gana en sociabilidad. También aprenden cómo liderar o  seguir a quien puede marcar la pauta. Se trata de escuchar, limitarse, emprender, respetar las reglas. Si los niños saben jugar cooperativamente sin enfadarse, colaborando, esperando, respetando a sus compañeros sabrán en el futuro formar equipos laborales exitosos.
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¡Porque es divertido!

La infancia es la edad para divertirse y disfrutar de la vida. En pocas palabras, se trata de entrenarse para la vida  desde un montón de diversión en el juego! Obtener en juegos de calidad unas relaciones de alto nivel con los hermanos, amigos, primos y sobretodo con los  padres. 
Y si no hay niños en casa hay que ir a buscarlos. Y elegir con mucho criterio los juguetes más inteligentes y reducir al mínimo las pantallas. Y salir, hacer actividad física y reconciliarse sosteniblemente con la naturaleza.