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Ajusta tu dieta y reduce el consumo de alcohol

Una buena manera de demostrarle con gestos que en los ajustes en su vida que tendrá que hacer no está sola es unirte a ella en su dieta y necesidades. Si ella no puede beber alcohol ni fumar, y ambos hábitos están en tu vida, únete al plan. Lo mismo si por indicación del médico tiene que ajustar en algo su dieta: acompáñala para que su desayuno o su plato no sea el extraordinario en tu mesa.
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Visitas al médico

Guarda tu teléfono y ponte a anotar en lápiz y papel qué cosas no tienen que olvidar preguntarle al médico. Ayúdala a que nada se le olvide, e involúcrate en la consulta con preguntas tuyas, preguntándole al médico, por ejemplo, cómo ayudarla cuando tenga algún dolor, qué medicación puedes darle si tiene mareos, etc. Como recompensa, además del vínculo con tu pareja, podrás entender mejor los movimientos de tu hijo en camino, su ubicación en el vientre. Desde ya, no te pierdas ninguna ecografía ni ningún estudio.

 
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Llámala

Otrora, los teléfonos se usaban para hablar por teléfono. Recupera ese uso con ella. Y durante el día, cuando estés trabajando, hazte el tiempo para llamarla y ver cómo está, o al menos enviarle mensajes. Le pasarán muchas cosas en su cuerpo, sensaciones y sentimientos distintos que seguro querrá contarte. Y cuando estés con ella, también, activa tu smartphone en modo teléfono, solo para llamadas. Cuando estés con ella, nada de redes sociales, o grupos de WhatsApp. Está con ella.
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No te quejes

El equilibrio del peso en la cama se verá sumamente alterado durante el embarazo, por cuestiones obvias. Los movimientos también: esta posición para dormir, mejor esta otra, el dolor en el coxis, la espalda, el aire… No te quejes: si te cuesta entenderla, ve al mercado y compra dos kilos de papas / patatas, y átalos a tu vientre. Y si al final del embarazo todavía te cuesta, compra uno de 10, o 12. Dormir no le será fácil. Prepárate un arsenal de almohadas y presta atención a las ubicaciones que le son más cómodas, y ayúdala a dormir acomodada sobre su lado izquierdo. Además, si ella duerme mejor, tú también dormirás mejor.
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Un masaje

Si no te dedicaste a las ciencias médicas, realizarás un curso acelerado de anatomía y descubrirás que el famoso coxis puede ser uno de los grandes enemigos del embarazo. Puede dolerle mucho.

Aprovecha las visitas al médico para aprender a hacerle masajes en la zona. También para poder identificar a partir de sus síntomas como mareos, dolores puntuales, cansancios, etc., cuál puede ser la mejor acción a tomar.
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Tiempo

Esos días que tenías guardados del trabajo, esas horas extras acumuladas, ese ahorro para casos de lucro cesante… Como sea, es el momento de tener días libres. Más si en tu trabajo prevén un tiempo muy reducido de licencia. Tener dos o tres días libres por si alguna urgencia ocurre, o para acompañarla los días previos y posteriores al parto, te permitirá, de vuelta, acompañarla mejor y disfrutar también de un momento inolvidable.
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Atento a las necesidades de la familia

[rich_list title="Intensifica tu dedicación al hogar" /]

Si tienen otros hijos pequeños, hacerte cargo de ellos con sus baños y necesidades extraescolares le evitará hacer movimientos innecesarios, lo mismo con cargas de peso como las compras en los supermercados, etc.

Cada familia tiene su equilibrio de tareas, pero está claro que durante el embarazo es bueno replantearlas teniendo en cuenta que el cuerpo de ella no será el mismo.
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Camina con ella

A menos que rija otra indicación médica, los últimos días del embarazo probablemente tenga la recomendación de caminar. Camina con ella.

Hagan caminatas. Aprovechen para hablar e imaginarse juntos cómo serán aquellos días por venir, y para recordar lo que fueron esos nueve meses de caminar juntos.
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Reza con ella

Cuando estés en el trabajo, reza por ella. Ofrece tu día por ella. Encomiéndala a su ángel de la guarda y a su santa patrona para que en tu ausencia durante tu jornada laboral, ella no esté sola.

Cuando estén juntos recen tanto por la vida por nacer, como por el bienestar de los dos y en particular de ella. Y cuando estés cansado de servirla y te sientas más que el actor de apoyo el extra sin créditos en la película, recuerda a San José y pídele que te ayude. No lo eres.