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Tener a alguien que juega a ser perfecto todo el día puede llegar a ser agobiante.

2/9

Cuando encontramos a alguien que en apariencia hace todo a la perfección, nuestras neuronas espejo explotan.

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Necesitamos amigos que nos quieran y a los que podamos querer. Con sus virtudes y sus defectos.

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No nos va el "postureo", porque detrás de eso hay siempre vanidad e inseguridad.

5/9

Empatizamos más con aquellos que se muestran realmente como son.

6/9

Mostrar que somos imperfectos despierta en los demás un camino para la verdadera amistad.

7/9

Darnos a conocer con nuestros fallos e imperfecciones nos lleva a ser más amados que si estuviéramos sobre un pedestal.

8/9

Cuando uno tiene amigos que no se avergüenzan de mostrar sus limitaciones y sus discapacidades, se siente más libre para mostrar también las suyas.

9/9

Hacerse mayores y enseñar las cicatrices que uno acumula también es sanador.