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Trabaja con alegría

Para algunos, trabajo y alegría son términos incompatibles, como Baileys y Coca-cola, lunes y optimismo...
Hay que abandonar ese equipo, e intentar trabajar con alegría e ilusión. En este año procuremos no ser personas protestonas o quejicas: tener trabajo es una suerte, y una ocasión de contribuir al mejoramiento personal y de toda la sociedad. Vamos intentar trabajar –siempre que podamos- con una sonrisa.
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Date homenajes

En el trabajo hay que celebrar las cosas. Cuando hayas terminado bien un trabajo, relájate, por los pies encima de la mesa, y tómate un Ferrero Rocher. Ante un revés profesional, invita a tu marido a cenar a un restaurante bueno, o lleva a tus hijos a tomar un helado. Celebra tu cumpleaños invitando a almorzar a los colegas.
Este tipo de celebraciones cuestan muy poco, implican a nuestra familia en nuestra carrera profesional y estrechan los vínculos afectivos en el entorno laboral. En lugar de esperar a que te impongan la insignia de diamantes el día de tu jubilación para darte homenajes, es conveniente ir preparándose con celebraciones menores.
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Trabaja con calma

“Despacito y buena letra, el hacer las cosas bien importa más que el hacerlas”, decía Machado. No se trata de ser unos vagos remolones que no sacan el trabajo adelante, sino de trabajar sin precipitación, de forma cuidadosa, con atención.
“Mi jefe no se apellida Machado, y me mete una presión que no veas”, puedes pensar. Bueno, haz lo que puedas. Al menos, no pierdas de vista que un trabajo hecho con detenimiento y concentración siempre es más profesional y satisfactorio que otro realizado atolondradamente y con prisas (siempre y cuando no seas ciclista o conductor de ambulancias).
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No te canses de aprender

En el ámbito profesional siempre tenemos campo de mejora. Ilusiónate por seguir aprendiendo siempre y por ser cada día un poco más profesional en tu trabajo. Esta ilusión te llevará a no dejar de formarte, a agradecer las sugerencias de mejora –en lugar de tomarlas como un agravio personal, como hacen muchos-, y a pedir consejo a personas más experimentadas.
Quien tiene esta preocupación por la mejora continua, además de sacar su mejor versión y crecer personalmente, contribuye cada día de forma más eficaz al bien común.
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Valora el trabajo de los demás

La vida en sociedad es posible gracias a la aportación de miles de personas que cada día “levantan la persiana” y salen a trabajar: electricistas, ministras, médicos, albañiles, fontaneros, abogadas, panaderos… y un larguísimo etcétera. No ignores ni desprecies su trabajo, no lo des por supuesto.
Esfuérzate por ser agradecido por el trabajo de todos: el cartero, la señora de la limpieza, el bedel, la policía. Respeta su trabajo y valóralo. Además, si tienes ocasión, dales las gracias expresamente de vez en cuando.
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Disfruta de las relaciones sociales que se establecen en el entorno profesional

El trabajo nos da ocasión de coincidir con muchas personas: colegas, clientes, pacientes, estudiantes…
Evitemos que el interés, el estrés o la urgencia nos empujen a tratar a esas personas como instrumentos o como peldaños para conseguir un fin.
Vamos a procurar tratar a cada persona con respeto, o incluso con cariño, dedicándoles el tiempo y la atención que merecen.
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Trabaja con buen humor

Además de la alegría, el buen humor siempre es un buen aliado en el lugar de trabajo, donde una sonrisa o una broma a tiempo contribuyen a generar un clima distendido y agradable.
Trabaja con seriedad, pero sin tomarte las cosas demasiado a la tremenda. Si trabajas en una funeraria, adopta esta octava actitud con cautela.
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No conviertas el trabajo en un ídolo

Hay personas que hacen girar su vida en torno al trabajo, convirtiéndolo en un ídolo ante cuyo altar sacrifican su vida familiar, sus amistades, su descanso. No engroses esas filas.
Trabajar es importante y necesario, pero también lo son otras dimensiones que es oportuno cuidar: tu vida familiar, tus compromisos religiosos, tu salud, la cultura, el ocio…
No dejes que la competitividad que caracteriza el entorno profesional trastorne tu escala de valores y te haga una persona desequilibrada, adicta al trabajo.
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No admitas chapuzas

Cuida los detalles. Cada día se nos presentan muchas tentaciones de tomar atajos para terminar el trabajo de forma más sencilla, rápida y… chapucera. No los tomes. Nuestra comodidad es tremendamente imaginativa, y continuamente nos invita a seguir el camino fácil.
Combate esa comodidad y esa tentación con la actitud inversa: utilizar la imaginación para pensar cómo trabajar mejor, cómo prestar un servicio más original, cómo añadir nuevos detalles que den un valor añadido a tu trabajo.
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Trabaja con la ilusión de servir al bien común

Se puede trabajar por dinero, por prestigio, por necesidad, por aburrimiento, por inercia… o para servir a los demás. Te invito a escoger este último motivo como razón fundamental de tu trabajo.

Por supuesto, junto con el servicio a los demás, tu trabajo te reportará satisfacción, dinero y prestigio… pero este año eso no debería ser lo más importante.

Lo más importante, el verdadero objeto de tu trabajo, no eres tú: son las personas a las que tu quehacer sirve y beneficia. Este giro dignifica enormemente tu trabajo profesional, que deja de constituir una ocupación egoísta, y pasa a convertirse en una contribución personal al bien común.