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Recoge las cosas con orden. Usa cajas para ordenar los objetos y separa: en una las figuras del belén y en otra los adornos del árbol de Navidad. Usa una tercera caja para la decoración del resto de la casa. Según el volumen, te puede ayudar tener cajas distintas para bolas (metidas en bolsas transparentes por colores).

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Limpia el polvo de las figuras y los adornos antes de envolverlos. Así están en perfecto estado para la próxima Navidad.

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Envuelve las piezas frágiles en film de burbujas para evitar golpes.

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Etiqueta. Cada caja debe poder identificarse a simple vista. Pon una etiqueta donde diga su contenido o compra cajas de plástico transparente para que se vea a simple vista.

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Deja todas las cajas de decoración navideña en un mismo lugar: el garaje, un altillo, un armario... No desperdigues lo que luego necesitarás encontrar para un mismo día.

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Tira lo viejo. Haz este trabajo ahora y no lo dejes para el año próximo cuando te pongas a montar el belén porque en ese momento te provocará mal humor. Adelanta el trabajo y desecha pieza rotas que son irrecuperables: velas consumidas, adornos del árbol que se estropearon, luces que no funcionan, musgo seco que no deseas conservar...

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Deshaz los nudos. Esto sirve para lazos, cintas, luces del árbol o del balcón... Deja todo de forma que el próximo año sea sacar de la caja y colocar sin perder tiempo.

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Arregla piezas rotas del belén. Comprueba si se han descascarillado, si las coronas de la Virgen , el Niño y san José están bien, si el ángel tiene un ala rota, si a alguna figurilla le faltan dedos o si una ovejita se quedó sin una pata.

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Limpia la zona de la casa donde estuvo instalado el belén o el árbol. Siempre suele quedar restos de abeto, musgo, arena, etc.

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Al acabar, esto merece un autopremio: una merienda sabrosa con los niños. Os lo habéis ganado. Es una ocasión más para hacer de la Navidad un momento familiar.