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Fuerte como San Pedro

Es la roca, la piedra sobre la que Dios decidió edificar la Iglesia. Como pescador, tenía larga experiencia en trabajar duro: sabía de noches sin dormir, de remendar redes, de tempestades en el agua... Pero esa fuerza hace aguas sin la ayuda de la gracia: niega a Cristo tres veces en vez de dar la cara por su Señor. Sin embargo, pide perdón (lloró amargamente, dice el Evangelio) y Dios lo restaura. A partir de ahí, esa nueva fortaleza prestada le servirá para ser el primer Papa y afrontar el martirio.
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Impetuoso como Santiago el Mayor

Era hermano de san Juan y el Evangelio los llama "Boanerges", hijos del trueno, porque demuestran un carácter impetuoso. Ese rasgo es propio de las personas primarias, las que reaccionan al impulso immediatamente. Santiago, por ejemplo, al ver que una ciudad de Samaria no hace caso a Jesús, desea rezar para que baje fuego del cielo y la arrase. Ese ímpetu lo lleva a estar muy cerca del Señor: en la Transfiguración, en la resurrección de la hija de Jairo, en el Huerto de los Olivos... Jesús tiene paciencia con él. Y él responde siendo fiel hasta el final incluido el martirio: fue decapitado por orden de Herodes Agripa.
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Práctico como san Mateo

Era recaudador de impuestos. Un hombre de números, habituado a que cuadren las cuentas y a resolver inconvenientes. Cuando conoce al Señor y recibe la llamada, inmediatamente piensa de qué modo va a comunicar esa buena noticia a sus amigos y organiza una fiesta: así pronto les presentará a Jesús. No le importa el qué dirán: va a lo importante. Sabe que es de los pocos Apóstoles que tienen estudios, así que se aplica en difundir el Evangelio con los medios de que dispone: escribe la Buena Nueva para que llegue al mayor número de personas posible en el futuro.
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Racional como santo Tomás

Tomás es reflexivo, necesita argumentos, razones. Es el de método científico. Quiere que le expliquen las cosas. Le pregunta al Señor en la Última Cena:  "Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino?". Y luego, cuando los demás le dicen que Jesús ha resucitado, deja claro que no se dejará convencer fácilmente: "Si no veo en sus manos la señal de los clavos y meto mi dedo en el lugar de los clavos, y meto mi mano en su costado, no creeré". Pero ante Jesús, ese hombre que necesitaba comprobarlo todo se rinde y pronuncia un acto de amor tan sencillo pero tan profundo que muchos católicos lo empleamos hoy todavía: "Señor mío y Dios mío", porque en eso se resume todo.
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Valiente como Andrés

Andrés era el hermano mayor de Pedro. Tanto o más experto que él en cuestiones de pesca, se ha pasado la vida bregando en el Mar de Galilea. En cuanto es llamado a ser apóstol, se pone al servicio de Jesús. Cuando tienen un problema, porque una multitud sigue al Señor y no tienen nada para alimentarlos, busca y da con un muchacho que lleva cinco panes de cebada y dos peces. Eso, que a los ojos humanos no es nada, le servirá al Señor para obrar el milagro.
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Rebelde como Bartolomé

Bartolomé (Natanael) es respondón.  Cuando Felipe le anuncia que ha conocido al Mesías, responde mirando por encima del hombro: «¿Acaso puede salir algo bueno de Nazaret?». Pero su amigo Felipe lo convence de que vaya a verlo. Y el Señor lo hace polvo: «Este es un verdadero israelita, un hombre sin doblez».  «¿De dónde me conoces?», vuelve a decir el respondón pero con inquietud por averiguar. «Yo te vi antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera». Ahí Natanael se rinde, como todos los rebeldes que buscan con corazón recto: «Maestro, tú eres el hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel». Y de ahí apóstol hasta el final.
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Verdadero amigo como Felipe

Felipe siempre quiere estar con otros. Ya antes de ser llamado por Cristo era de los seguidores de Juan Bautista. Es el que lleva a Natanael a Jesús (ojo al desplante que le suelta Natanael, pero él sigue animando al amigo para que no se pierda el tesoro que acaba de encontrar).
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Apasionado como Juan

Era muy joven cuando le llamó el Señor, tal vez un adolescente con toda la vida por delante. Y pone toda su juventud -su energía, su vivacidad- al servicio de Dios. Al pie de la Cruz, Jesús le encomienda a su Madre la Virgen: era el discípulo amado y Jesús más que nadie sabe lo que lleva en el corazón. Cuando María Magdalena les informa de que el cuerpo de Jesús no está en el sepulcro, va corriendo con Pedro pero se adelanta (el ímpetu del amor le puede). Escribió el Evangelio, en el que no tiene inconveniente en mostrar lo mucho que Jesús lo quería.
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Tierno como Judas Tadeo

"Tadeo" significa "de pecho lleno de coraje, magnánimo" en arameo, pero a Judas también se le llama "Lebbeo", que quiere decir "de corazón tierno". Poco sabemos de él, pero ese pasar desapercibido no significa que no estuviera junto al Señor. Murió por Cristo sufriendo martirio (fue decapitado).
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Perseverante como Pablo

Una vez convertido, todo el ímpetu que san Pablo vivía como judío observante lo aplica a la propagación del Evangelio. Viaja, sufre toda clase de accidentes, castigos, enfermedades... y todo le parece poco para ganar el cielo y ganar a todos para el cielo. Es cosmopolita, polivalente, audaz, tiene recursos para todo, se hace todo para todos -como él mismo dice-.
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Humilde como Simón

Simón era zelote, un observador estricto del cumplimiento de la Ley judía. Pero fue humilde y al ver que en Jesús se cumplen las profecías en torno al Mesías, doblega su cabeza y su corazón y se convierte. Así se transforma en el Apóstol y responde a la llamada. De no haber sido así, muy posiblemente habría sido de lo que azuzaban a Poncio Pilatos a matar a Cristo.
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Aglutinador como Santiago el Menor

Santiago el Menor era pariente de Jesús (en lenguaje bíblico se le llama "hermano" pero en la actualidad no podemos tomar ese término al pie de la letra y vendría a ser "familiar", tal vez primo). Desde que es llamado por el Señor, está en el grupo de los Apóstoles y se entrega sin condiciones a lo que hay que hacer en cada momento. Podemos imaginar que por su relación familiar con la Virgen y María de Cleofás (su madre), estrechaba los lazos entre las personas que seguían a Jesús.