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Hablad claramente de ello

Debéis mantener una conversación sincera, en la que el adicto tome conciencia de lo que le ocurre y de la magnitud del problema. En el caso del alcohol es fácil que se escude en que su comportamiento es igual que el de muchos otros hombres, pero hay que hacerle ver cuáles son los problemas que genera esa conducta aunque esté "tolerada" socialmente.
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Háblale desde el amor pero con fortaleza

No es positivo amenazar con abandonar a la pareja o con romper la relación. Un adicto necesita saberse querido y apoyado para emprender la lucha. Pero hay que ser muy claro al explicarle lo que ocurre y las medidas que habrá que tomar.

El adicto es libre para decidir si quiere rehabilitarse. Ha de encontrar que vale la pena luchar por amor a su pareja, por los hijos, por respeto a sí mismo.

Si compartís la fe, es el momento de replantearle los grandes ideales de la vida, que podrá conseguir con la ayuda de Dios.
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Dile que estás con él y le apoyas

Es más fácil convencer a un adicto de que vale la pena cambiar cuando lo ve con sus propios ojos. Genera momentos felices sin adicción (sin drogas o sin alcohol). No te canses de verbalizar el amor que sientes por él, y que lo prefieres sin la adicción.

Ofrécele metas nuevas y otro horizonte por el que pueda luchar.
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Acudid a un especialista

Un médico de consulta general puede aconsejaros sobre qué camino es el más adecuado: el psicólogo, un médico especialista en adicciones, un psiquiatra...

También resulta de gran ayuda acudir a grupos de apoyo o a oenegés especializadas en rehabilitación. La pareja debe saberlo y en muchos casos se pide que acompañe al adicto para que vea que no está solo en esta lucha tan dura.
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Ayuda a fortalecer su voluntad

Un adicto queda sin voluntad. Hay que procurar que se fortalezca por otras vías y dos de ellas son el trabajo y el deporte.

Con el deporte o el trabajo, el adicto no dispone de ratos de ocio que le hagan recaer. Así también se aparta de los escenarios donde se consume el alcohol o la droga.
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No coartes su libertad pero vigila sus pasos

Si es necesario, acompáñale a donde quiera ir para que no recaiga o por lo menos no tenga fácil el acceso a drogas o alcohol.

Para ello es muy importante haber hablado previamente de qué quiere el adicto: luego podrás decirle que le estás ayudando a cumplir lo que se ha propuesto. Tu freno estará justificado porque él mismo te dio permiso antes.
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Controla el gasto económico

Corta los recursos económicos que le permiten acceder a la droga o al alcohol. Es duro porque esto a menudo implica discusiones, pero es imprescindible que tanto el adicto como sus fuentes de aprovisionamiento noten que no dispone de dinero para comprar droga o bebida.
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Detecta los escenarios de su adicción y ayúdale a evitarlos

Puede ser la cantina, el barrio, un grupo de amigos, su carrera profesional... Hazle ver que no le conviene estar cerca de ellos y es mejor cambiar de ambiente en la medida de lo posible. Poner tierra de por medio ayuda a olvidar. Eso a veces puede implicar incluso cambios en el trabajo o en los hábitos de vida social: fiestas, clubes sociales, aficiones...
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No lo juzgues

Juzgarlo no ayuda y desmotiva. Es mejor que la pareja acompañe en la lucha y diga abiertamente que está dispuesta a hacerlo.

Eso no significa que tú cedas y que "por amor" compartas su adicción o la justifiques. Estarías aprobando las consecuencias que puedan derivarse y te harías un daño a tu propia salud. Un error no puede corregirse con otro error, por eso es mejor ayudar sin participar en la adicción.