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El grado de competencia

Es importante conocerse y conocer si mis expectativas acerca de mi mismo son reales. Si deseo ser campeón de Formula 1 pero ni siquiera conduzco, mis expectativas no son reales y me producen una frustración contínua. Esa frustración desaparece el día que yo reconozco que no soy competente en conducción. Y eso no significa renunciar a objetivos más proporcionados, por ejemplo aprender a conducir, que sería el primer paso.
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El grado de libertad

Los demás no deben decidir por mí. Debo ser yo quien tome decisiones, quien escoja y quien, al fin, me equivoque o acierte. Si no hay libertad, uno se siente en manos de otro y se ve arrastrado. La autoestima mejora cuando uno toma las riendas de su propia vida.
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El grado de afecto

Sentirse querido da alas para sacar de nosotros nuestra mejor versión. Busca quien te quiera sin pretender otra cosa más que amarte y querer tu bien. Eso, en primera instancia, está en la familia.
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El grado de respeto

Todos debemos ser respetados por las demás personas: el marido y la esposa, los novios entre sí, los amigos, el jefe y los trabajadores, los colegas... El respeto y el aprecio nos hacen crecer en autoestima. Cuando falta el respeto es que la relación es tóxica y hay que poner los medios para cambiar la situación: o mejora o hay que huir de ella. El respeto siempre debe ir en todas direcciones: de padres a hijos y viceversa, por ejemplo.
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Las experiencias positivas

La memoria juega un papel importante en la autoestima. Fomenta el recuerdo de experiencias positivas: en el deporte, en la profesión, en el estudio, con tu familia... Todo lo que ocurrió de bueno forma parte de tu camino y es terreno firme para seguir adelante. Fomenta en ti los buenos recuerdos.