10 / 10
Vuelve a tu corazón
Saber ignorar las inevitables distracciones que pretenden que abandonemos la oración. Cuando algo nos distraiga o desconcentre no darle importancia alguna. Hay que ignorar la distracción de la manera más serena y retomar el hilo de la meditación o contemplación a través de un diálogo con Dios muy natural, así sin más. “Dedicarse a perseguir las distracciones es caer en sus redes; basta con volver a nuestro corazón: La distracción descubre al que ora aquello a lo que su corazón está apegado…” (Catecismo, 2729).
+

© Debby Hudson/Unsplash | CC0