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Los secuestradores fueron enviando pruebas de vida a la familia de Bosco.

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Bosco con su esposa Gaby.

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Gaby, en una conferencia de Bosco donde relató su lección de vida.

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En otro vídeo que se envió a la familia como prueba de vida.

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Bosco se autoescribió una carta como si fuera su hermano: decidió que su problema no era personal sino familiar y que él debía encargarse de cuidar al rehén (o sea, él).

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Bosco Gutiérres tiene hoy 62 años y sigue trabajando como arquitecto. Dos de sus hijos trabajan con él.

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En su casa, tiene un espacio de las dimensiones del zulo y ahí se encierra cuando quiere hacer oración.

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"Extraño esa unión con Dios que experimenté en los días de secuestro", dice.

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En la boda de una de sus hijas.

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Pidió a los captores un whisky, pero cuando lo tuvo delante, notó que Dios le pedía el sacrificio de no tomarlo: y lo echó al retrete. De ahí en adelante quiso vivir y prepararse para salir de allí.

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Bosco insiste en que la oración, la confianza en Dios y el sacrificio son esenciales en la vida.

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La "lección de vida" de Bosco aparece recogida en el libro de José Pedro Manglano "257 días".