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Relativiza...

"Aléjate lo más posible, en este preciso momento, del objeto que excita su ira. Mantén un silencio profundo mientras dure el ascenso", aconsejaba el Cura de Ars. En lugar de romper todos los platos de la casa porque tu hijo o tu pareja te lleva al límite, respira profundamente y cálmate un poco. Repite todas las veces que sea necesario: "Jesús, amable y humilde de corazón, haz que mi corazón sea como el tuyo".
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... pero no huyas

Manténte alejado hasta que te calmes, pero luego entra en contacto con la persona con la que te acabas de enfadar. Si no ha habido explicación y perdón, el conflicto permanece latente. Solo estamos reprimiendo el sufrimiento interior, pero reaparecerá a la primera oportunidad. Sobre todo, estamos huyendo de una oportunidad ofrecida por Dios para crecer en la caridad, la humildad y la bondad.
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Ponte en el lugar del otro

Séneca: "Nadie se dice a sí mismo: He hecho o podría haber hecho lo que me enfadó". A todos nos enfada actitudes o actuaciones de otra(s) persona(s) pero no tenemos nunca en cuenta sus intenciones. Sin embargo, es el autor quien debe ser considerado: ¿Lo quiso hacer o lo hizo por casualidad? ¿Fue forzado o engañado? Ponerte en el lugar del otro te ayudará a comprenderle.
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Paciencia

Luchamos contra la ira con las virtudes opuestas: paciencia,  evitar guardar rencor, y dulzura.
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Renuncia al perfeccionismo...

¿Cuántas cóleras surgen de proyectos abortados, considerados como injusticias, cuando solo eran falsas ilusiones mantenidas sobre tus capacidades, tu trabajo, tu pareja, o aquella amistad? Solo podemos salir de la noria de la ira renunciando a la "orgullosa imagen de nosotros mismos", a nuestro ideal del yo, a nuestro deseo de controlarlo todo. Debemos aprender a aceptar con humor que la realidad se nos resiste y que los demás no son exactamente como nos gustaría que fueran.
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Di no a los excitantes

Protege tu cuerpo con el descanso, el silencio y la sobriedad. Muchas las discusiones estallan por culpa del exceso de café, alcohol y ruido.
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Sé humilde

"Soy paciente y humilde de corazón" (Mt 11,29). No es casualidad que Jesús combine estas dos cualidades: las personas humildes son pacientes.

"Estos enfados, angustias y pesares que tenemos contra nosotros mismos,- decía San Francisco de Sales-, tienden al orgullo y tienen sus raíces solo en la autoestima, que es turbada y preocupada por el hecho de que seamos imperfectos."
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Consultar a un especialista

Cuando los estallidos son involuntarios, excesivos, frecuentes y de larga duración, es necesario considerar la necesidad de consultar a un psiquiatra del comportamiento. La voluntad por sí sola no será suficiente para eliminar la ira.
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 El perdón, el mejor remedio

Lee periódicamente el gran himno a la unidad que es la carta a los Efesios.