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Creer que el orden es tarea de una sola persona.

No cuentes con que habrá "alguien" que irá recogiendo lo que tú vas desperdigando: esa no es la tarea de mamá. El orden ha de mantenerse entre todos en casa, sean 2 o sean 10. No debemos esperar que otros nos sirvan como criados, y que vayan reordenando lo que nosotros desordenamos. Hay que ser proactivos y tomar el orden como un encargo constante. No cargues tu responsabilidad a otra persona de la familia.
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Convertir toda la casa en un parque de atracciones.

Sabemos que los niños son expansivos. Cada espacio que pisan se convierte en su territorio. Hay que saber acotar ese espacio para sus juguetes, sus libros y sus objetos de manualidades, por ejemplo. Puede ser su habitación o también una parte del comedor o salón. Es importante que enseñemos a los pequeños a recoger todo después de jugar: forma parte de su educación. A veces es más rápido decir "ya lo hago yo", pero lo importante es educar a los hijos y eso se logra creando el hábito de ordenar a diario. Verás cómo a largo plazo se nota.
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Usar la habitación extra como un trastero.

Es una tentación enorme, por la que todos hemos pasado en cuanto queda una habitación libre en casa. La habitación de invitados suele ser una solución socorrida para el momento en que nos encontramos con objetos que no empleamos pero no sabemos dónde guardar. Por ejemplo, en un cambio de estación, cuando tenemos cajas de ropa y zapatos, ventiladores, estufas... Huye de la palabra "provisional" y deja intacta esa habitación. Si caes en la tentación de "aparcar" objetos ahí, difícilmente los vas a colocar algún día en el sitio más adecuado. Entonces llegará el día en que alguien esté invitado y vas a tener que pelear contra esas cajas y bolsas de tintorería que abandonaste en un rincón. Es mejor guardar cada cosa en su sitio y, a falta de espacio, crearlo: compra un mueble zapatero o haz una bolsa de ropa que no vas a usar (la de los niños, la tuya...) y dónala. Lo mismo con el material informático que no usas: ordenador viejo, cables... dales nueva vida y ponlos a la venta o regálalos.
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Hacer la compra de alimentos sin una lista previa.

Si uno no planifica la cesta de la compra, acaba cargando la cocina en exceso. Lo que ocurre a continuación es que llegas del supermercado o las tiendas y no tienes espacio para colocar bien todo lo que has comprado. Para evitar una compra desordenada, y a la vez seguir una dieta saludable, comienza por diseñar un plan de menús semanal. Así sabrás qué es lo que necesitas y no habrá compras superfluas. En la cocina, dispón una pequeña despensa para etapas como una cuarentena, en la que una familia debe hacer acopio de alimentos para más días, pero estudia el volumen de los productos y su caducidad antes de comprar.
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Dejar las cosas en cualquier sitio.

Es muy cómodo que al llegar a casa dejemos la chaqueta y los zapatos en cualquier lugar, pero no es práctico. Alguien deberá recogerlos luego. Si dejas las cosas tiradas por ahí, generas trabajo de más. Es preferible adquirir el pequeño hábito de dejar las cosas en su sitio conforme acabamos de usarlas: la manta del sofá, un suéter, la ropa que vamos a echar a lavar. Crea los recorridos mínimos: armario, cesta de la ropa sucia, lavadora. No dejes ropa en otro lugar (excepto para ventilar por la noche una prenda que has usado). En el baño, lo mismo: no dejes toallas en el suelo cuando acabes de ducharte. Cuélgala para que se seque o échala a lavar.
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Dejar el orden para más tarde.

No cedas a la posibilidad de pensar "esto ya lo ordenaré luego". Hazlo ahora y así no acumularás trabajo para un momento posterior. Por ejemplo, al cocinar, ve fregando lo que ya has usado (sartenes, cazuelas, platos) y no volverás a emplear. Mientras sigues cocinando, se secarán y podrás guardarlo enseguida. Así evitas esa montaña de cacharros por fregar que da tanta pereza solo con verla. Del mismo modo, actúa con la ropa: si la guardas ordenada y bien plegada en vez de hacer una montaña, todo quedará a la vista y no tendrás que "sumergirte" en el armario para encontrar una prenda. Recuerda la frase de san Agustín: "Guarda el orden y el orden te guardará a ti". El orden da mucha paz y ayuda a no perder objetos que acostumbramos a necesitar con urgencia: las gafas, el móvil o un bolígrafo, por ejemplo.
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Confiar en hacer orden un día de vez en cuando.

Vamos dejando los libros, revistas y papeles de trabajo en cualquier lugar, con la excusa que "ya haremos orden un día". O en nuestra habitación comenzamos a mezclar calcetines con ropa interior y camisetas con chaquetas. O comenzamos a crear un espacio de "varios". Mmm... no. Si pones cada objeto en su sitio nada más terminar, ganarás esas 24 horas del famoso "día del orden descomunal" para hacer otras cosas mucho más interesantes. Lo mismo ocurre en la cocina, si no ponemos cada cacharro y cada bote en su sitio después de usarlo. A veces se requiere una pequeña escalera para llegar a colocar los instrumentos en el lugar apropiado. Un truco que puede ayudarte: ten todo más a mano, aprovechando espacios como el interior del horno, para guardar bandejas, por ejemplo.