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El altruismo


En todas partes del mundo se podría decir que las mujeres son más generosas o que los hombres protegen mejor los recursos familiares. Las mujeres pueden usar este rasgo para lograr la virtud femenina de la fecundidad y los hombres para ser más ingeniosos.


En todos nosotros hay una tendencia a mirar a un trabajo, desesperarnos y decir: “No se puede hacer”. Los hombres deberían mirar dentro de sí mismos y salir adelante con lo que tengan. Así lo hizo José.


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Confianza

Las mujeres podrían ser vistas  más dignas de confianza y parecer que los hombres son más vigilantes.


Si las mujeres son mejores con la confianza, pueden ejercerla sacando lo mejor de los demás. Esta es una gran parte del “genio femenino” del que escribió san Juan Pablo II: la capacidad de organizar las circunstancias de forma que todo el mundo resplandezca, como María hizo en Caná.


Si los hombres son menos propensos a confiar en los demás, deberían abrazar el sentido de responsabilidad y convertirse ellos mismos en una persona con la que se pueda contar, como hizo José.



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Riesgo


Se podría decir que las mujeres son más prudentes o se podría decir que los hombres están más dispuestos a afrontar el peligro.


Si los hombres asumen más riesgos, deberían ser capaces de sacrificio. Pueden correr riesgos por los demás y exponerse al peligro por su esposa, hijos o colegas de trabajo, como José en Egipto.


Si las mujeres son más cautas, entonces pueden sobresalir en la virtud de la modestia. Edith Stein observó que “la unión del alma con el cuerpo está más íntimamente ligada de forma natural” en las mujeres. Sin embargo, la modestia se aplica a mucho más que a la vestimenta; significa ser realista y práctica en la perspectiva sobre todas las cosas, como María en la Visitación.


 


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Paciencia

Podrías decir que las mujeres son más pacientes o que los hombres son más determinados.


Si las mujeres son mejores en paciencia, esto puede ayudarles en la educación de otros. En vez de sentir frustración porque alguien no sabe algo, ejercer la capacidad de guiarle hasta el conocimiento. Ver a Cristo en ellos, como María en el hogar de Nazaret.


Si los hombres son impacientes, que sean también atentos, siempre dispuestos a servir, a no esperar a que cambien las circunstancias, deseosos de hacer lo correcto ahora, como José en la primera noche de vigilia en Belén.


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Reciprocidad positiva

Se puede decir que las mujeres son más propensas a devolver un favor o que, por otro lado, los hombres están más dispuestos a aceptar la caridad.


Si las mujeres son mejores devolviendo favores, pueden usar este rasgo para construir comunidad —otro rasgo del “genio femenino” que puede verse en el hogar y en el trabajo. Las mujeres destacan en saber convertir un grupo en un equipo—, como María con los apóstoles esperando Pentecostés.


Si los hombres son más dispuestos a recibir caridad, pueden convertir eso en fraternidad. Sabemos por toda gran película de deporte en equipo, desde El milagro a Un equipo legendario, que la mejor manera de conseguir la gloria es buscar la gloria del prójimo, como José viviendo por la gloria de su hijo y su esposa.


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Reciprocidad negativa

Puedes decir que las mujeres están menos inclinadas a la venganza o que los hombres son más sensibles a la injusticia.


Si las mujeres son menos propensas a la venganza, pueden usar esa habilidad natural para empatizar mejor con otras personas, para ver las cosas con sus ojos y ser justas con ellas. Imitar a María percatándose de la falta de vino en Caná.


Y si los hombres se inclinan más por la justicia, pueden canalizarla viviendo según un código personal, uno que defina los límites del honor y nos comprometa, como José, que era respetuoso con la ley.


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