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No dependiente

Muy ligada a la postura superprotectora está también la actitud de codependencia entre padres e hijos. Debe existir una gran confianza mutua, no una gran dependencia mutua. El niño que es demasiado dependiente de los padres tendrá dificultades para formar una personalidad definida y para asimilar criterios propios a la hora de tomar decisiones. Por eso, los padres deben evitar que su opinión sea preponderante en las tomas de decisión del hijo: eso solo le lleva a siempre dudar entre o que él quiere y lo que los desearían.

 
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Que no sea un mimado

Tengan cuidado con la adulación y los mimos: en especial, los abuelos y los tíos suelen exagerar en los elogios y en la satisfacción de los caprichos del niño, pero incluso los propios padres no son inmunes a esta tendencia, que reduce la autoconfianza del niño. Hay que tener un cuidado especial  de no hacer las tareas que el propio niño puede hacer por sí mismo.
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No te pases de estricto

Pero cuidado: el otro extremo por parte de los padres también es muy frecuente y perjudicial. Con la buena intención de criar a un hijo independiente y seguro, muchos padres acaban cayendo en el error de ser demasiado rígidos o, en todo caso, de ser un tanto fríos en el trato al niño. Las muestras de afectividad, cariño y presencia amorosa son fundamentales para que el niño crezca confiado y sano: lo que se deve evitar no es el afecto, sino el sentimentalismo y la superprotección. El afecto y la convivencia amorosa son imprescindibles, en armonía con el respeto de la autonomía y la maduración confiada es sana para el hijo.

6 – Por esa misma razón, eviten entrometerse en las peleas tontas y normales que tendrán lugar en la convivencia de su hijo con otros niños de su edad, sean compañeros, amigos o parientes próximos. Dejen a su hijo aprender a resolver solo sus pequeños problemas cotidianos y sólo intervengan cuando juzguen que es realmente necesario.

 
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No entrometerse demasiado

Por esa misma razón, eviten entrometerse en las peleas tontas y normales que tendrán lugar en la convivencia de su hijo con otros niños de su edad, sean compañeros, amigos o parientes próximos. Dejen a su hijo aprender a resolver solo sus pequeños problemas cotidianos y sólo intervengan cuando juzguen que es realmente necesario.
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Con otros niños

Compensen la excesiva convivencia del niño con los adultos, posibilitando que se relacione frecuentemente con otros niños de su misma edad.
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Al colegio

Llévenlo a la escuela desde pequeño, porque la vida de relación social con otros niños es la mejor “terapia” para un hijo único. Es importante, por ejemplo, que aprenda a compartir sus juguetes con amigos, vaya a casa de otros niños y también les invite a la suya.