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Acepta cada abrazo con un abrazo más grande
A medida que crecemos hay una tendencia a abrazar menos y recurrimos menos al afecto de nuestra madre. De hecho, solo lo hacemos cuando estamos en un momento de necesidad. No esperes a tener que hacer eso cuando las cosas se pongan difíciles. Tampoco te conformes con un saludo o con quedarte inmóvil esperando que retire sus brazos cuando te abrace. Esas son oportunidades únicas que la vida te regala. Sorpréndela y abrázala fuerte, y solo por unos segundos más, no la sueltes.
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