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¡Todos los caminos parten de Notre-Dame!

En el atrio de Notre-Dame se esconde a plena vista un hito kilométrico. Se trata del punto cero de los caminos de Francia. Pero ¿qué es esto? El punto cero es el punto kilométrico cero a partir del cual salen de la capital todos los caminos. Se utiliza como referencia para el cálculo de las distancias con otras ciudades de Francia. Está situado justo delante de la entrada de la catedral, a unos cincuenta metros. Este hito, con forma de rosa de los vientos gravada dentro de un medallón octogonal de bronce, está rodeado de cuatro losas donde está gravado: “Punto cero de los caminos de Francia”. Esta placa se instaló oficialmente en 1924.
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Las auténticas cabezas de los reyes de Judá están en el museo de Cluny

Basta con levantar los ojos un poco hacia el cielo para admirar la hermosa galería de los 28 reyes de Judá sobre la fachada principal de Notre-Dame. Sin embargo, si queremos ver los auténticos rostros de estos reyes, hay que dirigirse al museo de Cluny en París, donde están conservados. En efecto, durante la Revolución francesa, los revolucionarios —creyendo que esta galería de reyes representaba a los “reyes de Francia”—, decidieron decapitarlos a todos. Enterradas en el suelo, las cabezas terminaron por ser olvidadas hasta 1977. En esta fecha, 21 de ellas se descubrieron gracias a unos trabajos realizados en el patio de un hotel particular del distrito IX. Este descubrimiento arqueológico extraordinario forma parte de los más importantes del siglo XX y ha permitido a los historiadores del arte aprender más de la escultura parisina del siglo XIII.
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La catedral fue casi arrasada

En el siglo XIX, mucho antes de los trabajos de Viollet-le-Duc, la catedral se encontraba en un estado tan deteriorado que los responsables de la ciudad comenzaron a plantearse la posibilidad de derribarla totalmente. Sin embargo, Victor Hugo, admirador del edificio, escribió entonces su novela Nuestra Señora de París, en 1831, con la voluntad de sensibilizar al gran público sobre el futuro de la catedral. ¡Objetivo conseguido! Un gran movimiento popular comenzó a gestarse y muchos parisinos volvieron a interesarse por su patrimonio. Gracias a su novela, Victor Hugo devolvió la vida al monumento y evitó así a Notre-Dame un destino fatal.
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Las quimeras fueron añadidas por Viollet-le-Duc

Son elementos estrella del monumento y los encontramos en buen número de postales. Sin embargo, las quimeras que dominan ferozmente la capital francesa solo datan del siglo XIX, a diferencia de las gárgolas, que terminan los canalones y que datan de la época de la construcción de la iglesia. En plena obra de restauración, Viollet-le-Duc decidió añadir estos seres diabólicos en un deseo de recrear la atmósfera fantástica de la Edad Media, tal y como la percibían en el siglo XIX. Cómodamente instaladas en lo alto de la catedral, estas criaturas monstruosas parecen contemplar con embeleso la ciudad bajo sus pies.
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La catedral fue transformada en templo de la Razón

Con la Revolución francesa, muchas iglesias fueron transformadas en templos de la Razón y luego templos del Ser Supremo. Notre-Dame tampoco se libró. La “religión” centrada sobre el culto de la Razón debía congregar a todos los pueblos bajo la divisa de la libertad y de la igualdad para regresar a los principios fundamentales de la República romana, lo que significaba explícitamente el fin de todas las monarquías. Hasta se organizó una fiesta de la Libertad en la catedral de Notre-Dame de París el 10 de noviembre de 1793, antes de ser bautizada “Templo de la Razón”. Los revolucionarios cantaron allí el himno de Marie-Joseph Chénier en honor a la diosa Libertad-Razón. La catedral volvió finalmente al culto en 1802, poco después de la firma del Concordato.