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2. Hablar:

 Muchas veces, cuando estamos enfadados, tendemos a abordar el problema echándoles la culpa a los demás.

Sabemos que ese no es el camino más adecuado para que se enteren de lo que nos pasa. Más bien, provocamos que se defiendan y contraataquen.

Es más difícil solucionar los problemas cuando utilizamos la descalificación, la crítica destructiva, los mensajes dobles o incongruentes.

Las quejas, las críticas, los sarcasmos, el tono agrio no facilitan las cosas.

Si cambiamos el lenguaje podemos cambiar el escenario de la discusión y, tal vez, el resultado.

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