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1. Establecer límites

La cuestión no es establecer una nueva relación de poder, sino no permitir que el “poder” se convierta en la fuerza motora de vuestra interacción. Una persona tóxica siempre quiere estar “por encima”.

Establecer límites permite un mejor entendimiento del tipo de jerarquías en juego: tu jefe, por ejemplo, puede darte responsabilidades que debes vigilar mientras estás en el trabajo, pero eso es todo.

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2. Ser asertivo

Di a la persona, de forma simple y clara, cómo te sientes o lo que quieras decir sinceramente.

Una persona tóxica quizás intente usar tus palabras contra ti, interpretarlas de la forma contraria a como tú las concebiste, pero tú tienes ocasión de aclararlo: “He dicho X porque quería que supieras que Y. Cuando tú Z, yo siento que W”.

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3. Mantener consciencia (y control) de tus propias emociones

Es decir, cuídate. La toxicidad a menudo es irracional (es decir, no sigue más lógica que la suya propia) y el peor plan de acción es intentar jugar al mismo juego.

Mantén en mente que no tienes por qué responder en los mismos términos emocionales, sino que puedes, mejor, aportar razonamientos serenos. Eso quizás implique, en ocasiones, retirarse, reorganizarse y luego volver con soluciones. Gana algo de tiempo si lo necesitas.