1/3

No quiere controlar.

No quiere sacar información más allá de lo que se necesita para resolver la situación que la persona plantea. No se aprovecha de la necesidad de hablar que tiene la otra persona para entrar en confidencias que no vienen al caso. No quiere curiosear.
2/3

No juzga.

Quien escucha, en primer lugar acompaña al que habla y muestra empatía: se pone en el lugar del otro.

El que habla no necesita que le digan si está bien o mal lo que ha dicho o hecho (a no ser que él pida una valoración).
3/3

No pretende instruir

El objetivo principal no debe ser "dar lecciones". Mucho menos lecciones prefabricadas. Cada alma es singular y necesita un trato singular.

La conversación tampoco debe ser momento para el lucimiento personal sobre las propias experiencias o sobre conocimientos adquiridos.

Muchas veces la persona que se nos acerca solo necesita compartir un dolor o una preocupación, sin necesidad de que le digamos "qué debe hacer" a continuación. Eso no quita que a veces alguien pida consejo al que escucha.