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1. Una imagen de la Virgen del Rosario llevada por los frailes dominicos al Nuevo Reino de Granada en 1555, sirvió de modelo para que Alonso de Narváez pintara hacia 1562 el cuadro que durante 16 años estuvo en una choza de paja.
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2. Este pintor llegó de Alcalá de Guadaira (Andalucía) y vivió en Tunja, donde además de la pintura se dedicó a la platería. Para elaborar el cuadro de 1.25 de ancho por 1.19 metros de alto, empleó una técnica muy antigua conocida como ‘al temple’.
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3. San Antonio de Padua y el apóstol Andrés ―ubicados junto a la Virgen y el niño Jesús― aparecen en el cuadro por dos razones. La primera, para llenar los espacios sobrantes del lienzo, y la segunda porque el pintor quiso agradecer con los nombres de sus santos a quienes promovieron la obra: el encomendero Antonio de Santana, quien le pagó veinte pesos, y Andrés de Jadraque, el fraile dominico que le encargó el trabajo.
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4. Entre 1578 y 1585 el cuadro estuvo abandonado, se rompió, perdió su brillo y las imágenes se borraron. Durante estos siete años fue utilizado para labores domésticas en el campo, entre ellas, el secado de trigo y maíz.
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5. María Ramos, la española que en 1585 recuperó el lienzo, había llegado a Tunja en búsqueda de su marido Pedro de Santana, pero al encontrarlo amancebado con otra mujer, partió despechada hacia Chiquinquirá. Allí organizó una modesta capilla en una pesebrera en donde siempre pedía de rodillas a la Virgen que alguna vez «se dejara ver al descubierto».
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6. Tres personas apreciaron el momento sublime de la renovación del lienzo, el 26 de diciembre de 1586: María Ramos, una indígena llamada Isabel y su pequeño hijo Miguel. Horas después del prodigio aparecieron algunas devotas que se quedaron rezando todo el día al ver que el rostro de la Virgen seguía iluminado.
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7. La pintura ha tenido otros momentos esplendorosos. Uno de ellos ocurrió el 30 de julio de 1588 cuando «se iluminó de manera milagrosa y pudo ser admirada por toda la población de Chiquinquirá». Dos semanas después el «extraordinario y sobrenatural prodigio» se repitió delante del arzobispo de Santa Fe, Luis Zapata de Córdoba, y numerosos fieles.
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8. En 1589, también en Chiquinquirá, otra iluminación se extendió durante más de 24 horas. El 5 de julio de 1985 y el 25 de marzo de 2001, idéntico milagro fue documentado por un grupo de sacerdotes, monjas y pobladores quienes afirmaron que vieron cómo «la Virgen apareció muy brillante e iluminada, como salida del lienzo».
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9. La corona y la aureola de Nuestra Señora forman una sola pieza en la que están incrustadas 140 esmeraldas y 78 brillantes de diferentes tamaños. La corona del Niño Jesús es más pequeña y solo tiene dieciséis esmeraldas y 29 brillantes. El cetro de oro de la Virgen, con dieciocho diamantes y veintidós esmeraldas, pesa 250 gramos.
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10. La Virgen ha salido de Chiquinquirá en diez ocasiones. En 1587, 1633 y 1841 (dos veces) fue llevada a Bogotá y Tunja para pedirle que desterrara la epidemia de viruela que azotaba a esas ciudades. En 1816 ―contra la voluntad de los dominicos y la población― el francés Manuel Servíez, al servicio de la causa libertadora, secuestró el cuadro «para salvarlo de la rapacidad española».
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11. María dejó su casa en otras cinco ocasiones para volver a Bogotá con otros fines. En 1919 lo hizo para su coronación solemne como reina y patrona de Colombia y 35 años después viajó en tren para presidir el centenario de la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción. En 1962 encabezó la plegaria nacional por el éxito del Concilio Vaticano II y en 1999 inauguró el jubileo de nuevo milenio.
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12. La última salida fue el 6 de septiembre de 2017 con motivo de la visita del papa Francisco. Pese a la oposición de los pobladores, esta vez la Virgen viajó hasta Bogotá en un helicóptero escoltado por una patrulla militar. Aquel día el pontífice comparó la pintura con la restauración espiritual: «Así como en Chiquinquirá Dios ha renovado el esplendor del rostro de su Madre, que Él siga iluminando con su celestial luz el rostro de este país y bendiga a la Iglesia de Colombia con su benévola compañía».
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13. La Virgen también fue sacada sigilosamente de su altar a la medianoche del 9 de abril de 1986 para ser sometida a exámenes radiológicos en el Hospital San Salvador, en Chiquinquirá. En su análisis participaron médicos, radiólogos, una restauradora, una curadora de arte, una química y un fotógrafo.
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14. El diagnóstico concluyó que el lienzo es original fue confeccionado en algodón tejido por indígenas y que la pintura utilizada corresponde a una mezcla de tierras, flores y plantas de la región. El dictamen también indicó que «la sagrada imagen no ha sido nunca retocada por pintor alguno».