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Un paseo matinal

Si no eres una persona muy activa en las mañanas, esto puede suponer un auténtico sacrificio. Pon la alarma un poco más temprano una vez a la semana y date un paseo al aire libre antes del desayuno. Emplea este tiempo para reflexionar sobre la semana que tienes por delante o la que ya ha pasado y da gracias por todo lo bueno sucedido. La gratitud no será la única en darle un impulso a tu ánimo, también el aire fresco te dará energías.
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Ayuna

Puedes hacer un esfuerzo como el de dedicar un día a ayunar, como los viernes, o limitar las comidas durante ciertas horas o ayunar de algo que hace tiempo querías eliminar de tus hábitos. ¿Conoces los 3 beneficios del ayuno para la salud mental? Los podrás descubrir en este artículo

 

 
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Reza más

Muchas personas tienen la sensación de no disponer de suficiente tiempo para rezar. Si quieres priorizar la oración durante la Cuaresma, ¿por qué no hacerlo? Puedes establecer momentos concretos o entrar en una disposición mental de ofrecer oraciones a lo largo de todo el día.
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Comidas de la Biblia

Escoge una de las comidas de la semana y moldéala según lo que habría sido un plato habitual entre los primeros cristianos. Quizás esto te ayude a centrar la mente en lo esencial, al mismo tiempo que te alejas de las comidas procesadas. Como guía, aquí tienes algunos alimentos de hace más de 2000 años que Jesús y Sus seguidores habrían comido.
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Escribe un diario de oraciones

Algunas de las oraciones más hermosas son las que salen directamente del corazón. Búscate una libreta y escribe una oración cada semana. A lo largo de todo un año habrás reunido una colección maravillosa. Quizás también estimule tu memoria sobre los acontecimientos en tu vida para los que necesitaste orientación o ayuda, o quizás momentos más felices por los que diste gracias.
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Conoce a más santos

Muchos tenemos un puñado de santos que conocemos bien, pero ¿por qué no hacer el esfuerzo deliberado de conocer a algunos santos y santas más de la Iglesia? Podrías hacerlo acompañado de tus hijos también y así enseñarles todas las cosas maravillosas que hombres y mujeres han estado haciendo a lo largo de los siglos en nombre de nuestro Señor.
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Un Rosario familiar habitual

Reunir a la familia para rezar el Rosario no siempre es fácil. Mantén las expectativas bajas con los niños más pequeños: si se van a dar uno de sus paseos despistados en mitad de un Ave María, no es problema. Lo que importa de veras es ser consistente y darles ejemplo. A medida que se hagan mayores, podrás hacerles partícipes turnándoles para decir las oraciones en voz alta.
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Voluntariado

La vida es frenética, así que si puedes dedicar un momento de tu semana para ayudar al prójimo sentirás no solo gratificación, sino que estarás esforzándote de verdad por cumplir con tu deber cristiano. Ya puedan estar o no involucrados tus hijos, el voluntariado puede incluso crear nuevas amistades, además de que, por supuesto, estarás apoyando a personas necesitadas.
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Desconecta

Muchos podríamos hacer recuento de las largas horas desperdiciadas deslizando el dedo por los medios sociales. Una noche a la semana, prueba a dejar a un lado las pantallas –incluyendo la de la televisión– y lee un libro (¡o escribe en ese diario de oraciones que mencionamos antes!). Quienes tengan un poco más de determinación, pueden extender este hábito a varias noches de la semana.
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Escoge un desafío medioambiental

Tienes muchas opciones donde elegir para cuidar mejor de la creación de Dios: prescindir un día a la semana del aire acondicionado o la calefacción, optar por ducharte en vez de darte un baño (¡o incluso usar agua fría en vez de caliente!)… Es una idea fantástica implicar también a los niños, así pueden empezar a construir estos hábitos desde una edad temprana.