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Para encontrar la plenitud de la gracia y la verdad

Es posible que algunas personas hayan recibido el bautismo (y por tanto la fe) en alguna iglesia cristiana. Al tener conocimiento de la Iglesia Católica, ven que en ella es donde Cristo expresa plenamente su deseo de Salvación para todas las personas.

En la Iglesia hay una sola autoridad, no se rige por el marketing ni por las modas, no hay un reformador o un movimiento histórico, no cambia de parecer según el momento, ni interpreta la Sagrada Escritura según la opinión personal o los sentimientos. Hay una verdadera asistencia del Espíritu Santo, que es la Tercera Persona de la Santísima Trinidad, desde que Jesucristo fundó su Iglesia. Y ha perdurado a lo largo de 2.000 años y seguirá perdurando.
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Para recibir sanación interior

Muchas personas sufren a causa de heridas espirituales. Les causa dolor el mal en el mundo, las desgracias naturales, la enfermedad, el sufrimiento y el dolor, la guerra, el hambre, la miseria, la delincuencia, la corrupción... Todo eso debilita y hace daño.

La Iglesia nos da herramientas para recuperarnos espiritualmente de esos daños y para que cada uno de nosotros pueda acometer las tareas de la vida que nos llevan a construir un mundo mejor.
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Para ser parte de una comunidad eclesiástica

La Iglesia ofrece el camino de salvación a las personas y lo hace en la unión y el sentido de pertenencia a la comunidad.

Los católicos no solo se unen por amistad, buen ambiente y acogida. Eso existe, pero más allá de esa situación, se unen para adorar a Dios y darle gracias, para pedir juntos y vivir sus vidas a la luz del Espíritu Santo.

Los católicos se reúnen por la Santa Misa y para recibir los demás sacramentos a lo largo de la vida, para hacer oración, para servir a los demás, para participar en actividades de catequesis... Caminar unidos fortalece  y ayuda a los demás a llegar al cielo. Nadie va a llegar solo.
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Para servir al próximo

En la Iglesia, la ayuda al prójimo es parte clave del espíritu de Jesucristo. Así lo que ha querido Dios y así se vive en el día a día. La Iglesia nos ayuda a ser sujetos del servicio al prójimo, cada uno desde sus circunstancias.

El servicio de un católico se presta ya en la familia y en la actividad profesional. Además, la Iglesia en todo el mundo fomenta la actividad de ayuda a otras personas a través de múltiples formas: el voluntariado, la limosna, la educación, el servicio a la salud... Las Bienaventuranzas son un programa de vida y en ellas está contínuamente presente Dios y el prójimo. Además, queda también esta fórmula expresada en las obras de misericordia.
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Por el hambre de Eucaristía

Muchas personas regresan a la Iglesia al constatar que es la Eucaristía la que da sentido a la vida y nos llevará a la plenitud. El hambre de espiritualidad que hay hoy en el mundo es patente. Se habla de ella por todos los canales y en todas las redes sociales. Y solo Jesús en la Eucaristía puede saciarla. En la Iglesia, Jesucristo nos regala su presencia porque ha querido quedarse con nosotros y eso es la mejor asistencia de que disponemos para andar por camino seguro hasta alcanzar la vida más allá. La Eucaristía es la razón primordial para regresar a la Iglesia Católica.
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Para perdonar a mi prójimo

El rencor es un peso que carga el alma, pero a veces se hace muy difícil perdonar. Cuántas personas sufren doblemente el dolor por un mal y el rencor hacia la persona que les causó el sufrimiento.

La Iglesia nos ayuda a perdonar, incluso a aquellos que no piden perdón. Es el mismo Dios que nos ayuda a hacerlo. Y con el perdón, llega un crecimiento del amor de Dios al corazón humano y un extraordinario regalo: la paz interior.
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Para dar sentido a la vida

Con los años, experimentamos con mayor fuerza la necesidad de dar un sentido a la vida. Tal vez hemos tenido oportunidad de acumular experiencias, nos hemos movido, hemos vivido... pero llega el momento en que uno se plantea grandes interrogantes: ¿Para qué todo esto? ¿Qué sentido tiene mi vida? ¿Hacia dónde quiero dirigir mis pasos de verdad?

En la Iglesia está la respuesta que el mismo Jesucristo nos ha dejado a nuestras inquietudes. la Iglesia es un foco de luz que ilumina lo que hemos hecho hasta ahora y, sobre todo, nos propone el camino que nos lleva a la vida eterna.
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Para que nuestra relación con Dios sea auténtica

Muchas personas aseguran que tienen contacto directo con Dios y no necesitan intermediarios para hablar con Él. La Iglesia no es un intermediario al modo humano: es le modo en que Dios quiso acompañarnos en nuestras vidas para llegar a Él.

Estando en la Iglesia Católica tenemos la seguridad de que contamos con el auxilio real de Dios y podemos beneficiarnos de su auxilio espiritual. Fuimos llamados a la eternidad y el Señor nos espera por el camino que Él mismo nos tiene preparado.
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Para recibir el perdón de Dios

Una gran tentación hace que pensemos: "Me alejé de Dios y ya no puedo hacer nada por remediar la situación", "mi situación ya no tiene vuelta, así que no vale la pena que me acerque a la Iglesia".

Dios no piensa en los mismos términos que nosotros. Es Amor (con mayúsculas) y, como el padre del hijo pródigo, siempre está esperándonos, dispuesto a perdonarnos y hacer una gran celebración por nuestro regreso. Jesucristo instituyó el sacramento de la Penitencia, que es el sacramento del Perdón, para remediar esa situación de alejamiento que forma parte de nuestra condición pecadora.

No importa que estés lejos, Dios siempre cuenta con tu regreso a la Iglesia. El sacramento de la Reconciliación nos da la gracia para volver a caminar como hijos de Dios. Recuerda que no existe pecado que Dios no pueda perdonarte si hay arrepentimiento sincero. La Iglesia es madre y te acogerá siempre, no dejes que los prejuicios sean un obstáculo para lo que más te importa, que es llegar al cielo.
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Para inculcar en los niños los fundamentos de la fe y una vida moral

Muchas personas regresan a la Iglesia Católica porque ven en ella un modo seguro de hacer que sus hijos vivan los valores. La Iglesia aporta confianza y cimenta una vida recta en los más pequeños tal como sus padres quieren que practiquen.

Jesucristo es el modelo que seguimos los católicos y la Iglesia nos ayuda a encontrar argumentos y bases sólidas para el crecimiento de los pequeños. Así crecen en un sistema estructurado, sólido y probado. La Iglesia nos aporta además formación adecuada a cada etapa de la vida.