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Recupera tus oraciones de niño.

No olvides tus oraciones de niño, aprendidas quizá de labios de tu madre.

—Recítalas cada día con sencillez, como entonces. (Camino, 553)
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Qué hacer si te pones triste.

Para poner remedio a tu tristeza me pides un consejo. —Voy a darte una receta que viene de buena mano: del apóstol Santiago.

—"Tristatur aliquis vestrum?" —¿Estás triste, hijo mío? —"Oret!" —¡Haz oración! —Prueba a ver. (Camino, 663)
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Aprovechar el tiempo desde ahora.

¡No me seas comodón! No esperes el año nuevo para tomar resoluciones: todos los días son buenos para las decisiones buenas. “Hodie, nunc! —¡Hoy, ahora!

Suelen ser unos pobres derrotistas los que esperan el año nuevo para comenzar..., porque, además, luego...
¡no comienzan!
(Forja, 163)
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Dios nunca falla.

A ti que te desmoralizas, te repetiré una cosa muy consoladora: al que hace lo que puede, Dios no le niega su gracia. Nuestro Señor es Padre, y si un hijo le dice en la quietud de su corazón: Padre mío del Cielo, aquí estoy yo, ayúdame... Si acude a la Madre de Dios, que es Madre nuestra, sale adelante.

Pero Dios es exigente. Pide amor de verdad; no quiere traidores. Hay que ser fieles a esa pelea sobrenatural, que es ser feliz en la tierra a fuerza de sacrificio. (Via Crucis, X estación).
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Comunión de los Santos.

"Lejos físicamente y, sin embargo, muy cerca de todos, repetías feliz. Estabas contento gracias a esa comunión de caridad de que te hablé que has de avivar sin cansancio" (Forja, 956)
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En casa y desde casa.

Tú has de comportarte como una brasa encendida, que pega fuego donde quiera que esté; o, por lo menos, procura elevar la temperatura espiritual de los que te rodean, llevándoles a vivir una intensa vida cristiana. (Forja, 570)
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Si te parece que todo se hunde.

Aunque todo se hunda y se acabe, aunque los acontecimientos sucedan al revés de lo previsto, con tremenda adversidad, nada se gana turbándose. Además, recuerda la oración confiada del profeta: “el Señor es nuestro Juez, el Señor es nuestro Legislador, el Señor es nuestro Rey; El es quien nos ha de salvar”.

—Rézala devotamente, a diario, para acomodar tu conducta a los designios de la Providencia, que nos gobierna para nuestro bien. (Surco, 855)
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Ante la preocupación.

¿Estás sufriendo una gran tribulación? —¿Tienes contradicciones? Di, muy despacio, como paladeándola, esta oración recia y viril:

"Hágase, cúmplase, sea alabada y eternamente ensalzada la justísima y amabilísima Voluntad de Dios, sobre todas las cosas. —Amén. —Amén."

Yo te aseguro que alcanzarás la paz.(Camino, 691)
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Una oportunidad para crecer para adentro.

"No se veían las plantas cubiertas por la nieve. -Y comentó, gozoso, el labrador dueño del campo: 'ahora crecen para adentro'.

-Pensé en ti: en tu forzosa inactividad.
-Dime: ¿creces también para adentro?" (Camino, 294)
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La Cruz en nuestra vida.

Con su Cruz a cuestas marcha hacia el Calvario, lugar que en hebreo se llama Gólgota. (Joann., XIX, 17.) —Y echan mano de un tal Simón, natural de Cirene, que viene de una granja, y le cargan la Cruz para que la lleve en pos de Jesús. (Luc., XXIII, 26.)

Se ha cumplido aquello de Isaías (LIII, 12): cum sceleratis reputatus est, fue contado entre los malhechores: porque llevaron para hacerlos morir con El a otros dos, que eran ladrones. (Luc., XXIII, 32.)

Si alguno quiere venir tras de mí... Niño amigo: estamos tristes, viviendo la Pasión de Nuestro Señor Jesús. —Mira con qué amor se abraza a la Cruz. —Aprende de El. —Jesús lleva Cruz por ti: tú, llévala por Jesús.

Pero no lleves la Cruz arrastrando... Llévala a plomo, porque tu Cruz, así llevada, no será una Cruz cualquiera: será... la Santa Cruz. No te resignes con la Cruz. Resignación es palabra poco generosa. Quiere la Cruz. Cuando de verdad la quieras, tu Cruz será... una Cruz, sin Cruz.

Y de seguro, como El, encontrarás a María en el camino. (Santo Rosario. Cuarto misterio doloroso. La Cruz a cuestas)