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Cien años de experiencia

El Método Montessori apenas ha cambiado en los últimos cien años dado que es altamente coherente, está bien trazado, obtiene resultados y los niños progresan en su autonomía, atentos, camino de un aprendizaje que les llena de un fuerte sentido de la auto-eficacia.

Los alumnos quieren aprender. Es decir, los alumnos deciden libremente trabajar relajados y contentos –la alegría es una característica de estas escuelas- descubriendo que son capaces de realizar tareas desafiantes con éxito.

La repetición de sus tareas genera en ellos unos hábitos en los que cabe la auto-corrección de los errores y, en esa medida, les capacita para un trabajo sensorial-intelectual cada vez más complejo.
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Conocimiento sensorial y motor

El Método Montessori va desde lo concreto y sensorial, progresivamente, hacia lo abstracto y mental a través de materiales creados para este fin.

El niño primero aprende con el cuerpo (ojos, mano, tacto, motricidad y movimiento) y luego interioriza estas percepciones en procesos paulatinamente más razonados donde los datos de la experiencia directa construyen las categorías del entendimiento. 
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Calidad de los materiales

Los materiales de aprendizaje son producto de la observación acumulada durante años por Maria Montessori. Nuestra pedagoga contemplaba cómo se comportaban los niños ante determinados estímulos sensoriales y cómo estos estímulos les iban proporcionando la capacidad de razonamiento en función de su fidelidad a los periodos sensitivos.

Así cada material está pensado para aprovechar el florecimiento de cada periodo sensitivo, ni antes ni después. De este modo aprenden a escribir y a leer en el periodo sensitivo del lenguaje de un modo fónico y táctil: resiguiendo con los dedos letras de madera y asociándolas con sus sonidos.
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Tranquilidad, silencio y armonía

El silencio es un elemento más de la armonía y el orden del aula Montessori. Esta armonía se refleja en que el aula está diseñada a la medida del niño, de su altura, de sus brazos, de sus manos. Y esas afinidades  generan paz.

Se podría decir que el aprendizaje Montessori es una experiencia estética donde el niño interpreta bellamente la partitura (metáfora musical) de los materiales que toca y manipula.

El aula es armoniosamente bella y los materiales  tan ajustados, sencillos y cargados  de sentido que el alumno se siente impelido a resolverlos.
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Autorregulación del niño

El alumno del Método Montessori se autorregula, se auto-obedece, marca sus ritmos espontáneamente eligiendo los materiales, resolviéndolos, reordenándolos en sus estantes. Eligiendo nuevos retos sin interferir en las tareas de los compañeros.

Es una obediencia activa, reflexiva, que consiste en una capacidad de gobernarse a sí mismo. En ese sentido existe en Montessori una pedagogía del esfuerzo y de la voluntad donde cada niño elige libremente lo que quiere hacer sin ser esclavo del capricho.

Y todas estas tareas avanzan sobre la adquisición de unos hábitos y unas rutinas positivas  que se repiten con gusto y que llevan a alcanzar un carácter maduro.
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Atención y motivación

La motivación está en la capacidad de alcanzar un estado de flujo que le permite  al niño del aula Montessori aprender porque le satisface lo que hace.

Entonces el alumno fija su atención. Se ejercita  consecuentemente en una atención selectiva donde nada le distrae y puede estar trabajando, aprendiendo, complaciéndose durante periodos de hasta tres horas.

Hoy la atención de un niño en la escuela es un bien escaso. Y es que en el Método, la motivación procede del interior y no de fuera.
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Currículum reconocible y viable.

El Método Montessori tiene un estricto sentido de la impartición de contenidos, de la trasmisión de conocimientos, de la consecución de unos objetivos y aprendizaje básicos. 

El currículum es reconocible y viable: lenguaje, las matemáticas, la geometría, la geografía, la historia, la biología, etc.  Existen unos contenidos prefijados que hay que alcanzar ordenadamente y que la experiencia dice que son asequibles.

El niño espontáneamente elige los materiales predeterminados pero no construye desde su capricho el currículum. En algunas escuelas el currículo, los contenidos, la transmisión desaparece en aras a secundar los intereses a menudo limitados de los niños.
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Elegancia del servicio cuidadoso

El método Montsesori se ocupa también de la inteligencia como servicio, como cuidado. La armonía, el orden y el equilibrio del aula habla del cuidado de los materiales, habla de la limpieza de las manos, de mantener todo a punto.

Incluso los alumnos se ocupan de las actividades relacionadas con la vida material en el aula (y por ende del hogar): poner la mesa, lavar los platos, doblar la ropa.

Tiene lugar un cuidado de los materiales y también un cuidado del otro: ceder el paso, saludar y disculparse cuando es preciso.  Estamos ante un capítulo importante de la socialización Montessori que es la convivencia y el respeto.
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Normalización del niño

Cuando el niño llega a la escuela Montessori trae consigo un temperamento, unas inclinaciones que apuntan a cierto desorden. Quiere dominar e imponer su criterio caprichoso, como cualquier niño dejado a sus anchas.

Normalizar al niño supone armonizar su vida con el exigente proceso de aprendizaje que se inicia en la Educación Infantil y Primaria. Y que continúa con la Educación  Secundaria y Superior.

Si emprende ese camino se siente auto-determinado, capaz, autónomo, relacionalmente seguro y a la vez descubre ese bien para sí y para los demás: respeta el silencio, no alborota, cuida de sus compañeros,  no tiene miedo al error, es disciplinado (auto-obediente) y servicial.

Incluso aprende de sus errores que es algo que el material Montessori lleva en su seno: las reglas de rectificación. En cualquier caso este proceso de normalización requiere que el niño se adapte a la escuela no que la escuela se adapte al niño.
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Un fin

Improvisación: esta es la sensación que deja en sus observadores muchas aulas de Infantil y Primaria. Por supuesto que hay un currículo fijado por ley pero en los últimos años se cree más en la creatividad del trabajo por proyectos que en los parámetros del currículo programado.

El trabajo por proyectos es bueno pero nadie dice que se tenga que avanzar a salto de mata. El Método Montessori está en las antípodas: sabe dónde va y cómo llegar desde el principio hasta el final: desde los 3 a los 18 años.

El fin está claro y es coherente con una antropología y una filosofía de la educación centradas en el desarrollo y aprendizaje donde el niño madura al ritmo de su naturaleza.