

domingo 9 agosto
Hoy celebramos
Santa Edith Ste
Edith Stein - luego santa Teresa Benedicta de la Cruz - nació el 12 de octubre de 1891 en el seno de una familia judía. Sin embargo, cuando llegó a la adolescencia se había vuelto agnóstica y dudaba de la existencia de Dios.
Fue bautizada el 1 de enero de 1922 y, según algunas fuentes, tomó "Teresa" como nombre de bautismo.
Poco después Edith ingresó en un convento carmelita y en su investidura, el 15 de abril de 1934, tomó el nombre religioso de "sor Teresa Benedicta de la Cruz", en honor a Santa Teresa de Ávila y san Benito de Nursia.
Con el ascenso de Hitler y su régimen nazi, sor Teresa fue sacada de su convento carmelita por su ascendencia judía. Aunque estaba bautizada como cristiana, fue enviada a Auschwitz por haber nacido en una familia judía.
Allí murió en una cámara de gas. Fue canonizada en 1998 por san Juan Pablo II
Meditación del día
¡Llamemos a Dios al auxilio!
¡Llamemos a Dios al auxilio en la tentación! No tratemos de luchar con nuestras fuerzas, con las fuerzas de la naturaleza, en la tentación, en la dificultad. Los espíritus de las tinieblas son más fuertes que nosotros, más fuertes y más sutiles. Nuestra concupiscencia natural es fuerte y nuestra alma muy débil. Una de las trampas del demonio es atosigarnos en los primeros momentos de la tentación. Tanto, que ponemos todo nuestro esfuerzo (cuando lo hacemos) en resistirla. Pero solo ponemos nuestro esfuerzo, sin pensar en llamar al auxilio al único que puede salvarnos, Dios, o sin recurrir a nuestro buen ángel o a los santos.
El demonio pone un velo a nuestro alrededor para impedirnos mirar a lo alto y elevar los ojos al cielo. Trata de rendirnos «mudos» como los poseídos del Evangelio, nos absorbe y trata de que no tengamos la idea de llamar a Dios en nuestra ayuda. Habiéndonos así separado del que nos da la fuerza, nos vence fácilmente. Desde el comienzo de la tentación, no tratemos de resistir por nuestras propias fuerzas, sino de llamar a Dios. Cuando nos sintamos tentados, recurramos a la oración, pongámonos a rezar. Así, en un instante, reportaremos la victoria; de otro modo seremos siempre vencidos. Entonces, en la tentación, ¡rezar, rezar, rezar!
por una banda de forajidos en el Sáhara argelino (1858-1916).
Evangelio del día
Lectura del Evangelio según san Mateo:
En aquel tiempo, inmediatamente después de la multiplicación de los panes, Jesús hizo que sus discípulos subieran a la barca y se dirigieran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Después de despedirla, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba él solo allí.
Entretanto, la barca iba ya muy lejos de la costa, y las olas la sacudían, porque el viento era contrario. A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el agua. Los discípulos, al verlo andar sobre el agua, se espantaron, y decían: “¡Es un fantasma!” Y daban gritos de terror. Pero Jesús les dijo enseguida: “Tranquilícense y no teman. Soy yo”.
Entonces le dijo Pedro: “Señor, si eres tú, mándame ir a ti caminando sobre el agua”. Jesús le contestó: “Ven”. Pedro bajó de la barca y comenzó a caminar sobre el agua hacia Jesús; pero al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, comenzó a hundirse y gritó: “¡Sálvame, Señor!” Inmediatamente Jesús le tendió la mano, lo sostuvo y le dijo: “Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?”
En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó. Los que estaban en la barca se postraron ante Jesús diciendo: “Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios”.
Mateo 14, 22-33
Oraciones del día
Decimonoveno domingo del tiempo ordinario
Oración de la mañana
Venid, adoremos al Señor,
¡demos vítores a la roca que nos salva!
Adoremos al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Alabad al Señor, todos los pueblos;
aclamadlo, todas las naciones.
Fuerte es su amor para con nosotros.
¡La fidelidad del Señor es eterna!
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo,
por los siglos de los siglos. Amén. ¡Aleluya!
Himno
Metálicos latidos digitales
rompían en mi asfalto olas suicidas;
en la tormenta oculta de la sangre,
estallaban volcanes de vigilias.
Qué negro era el eclipse de tus párpados.
Qué duro el pedregal bajo mi piel.
Me visitó tu Sol desde lo alto
y amaneció la Vida en mi ciprés.
Me siguieron tus pasos de cristal
y la cascada azul de tus parábolas,
me grabaste el contorno de tu faz
con fuego del sermón de la montaña.
La madera del último manzano
verdeció en la aridez de mi desierto
y es locura de Cruz, amor extraño,
en el pórtico abierto del encuentro.
Se despejó la niebla en mi paisaje,
mi velero se eleva con tu brisa,
asciendo hacia las fuentes celestiales
y acerco tu agua clara a las orillas.
Soy timonel con rumbo al infinito,
llevo a bordo esperanza de gaviota,
y surco el mar en calma redimido
en el cantil profundo de tu roca.
Gloria al Padre, gloria al Hijo, gloria al Espíritu.
Amén.
Salmo 92
El Señor reina, vestido de majestad,
el Señor, vestido y ceñido de poder:
así está firme el orbe y no vacila.
Tu trono está firme desde siempre,
y tú eres eterno.
Levantan los ríos, Señor,
levantan los ríos su voz,
levantan los ríos su fragor;
pero más que la voz de aguas caudalosas,
más potente que el oleaje del mar,
más potente en el cielo es el Señor.
Tus mandatos son fieles y seguros,
la santidad es el adorno de tu casa,
Señor, por días sin término.
Gloria al Padre…
Palabra de DiosEzequiel 37,12b-14
Así dice el Señor: «Yo mismo abriré vuestros sepulcros, y os haré salir de vuestros sepulcros, pueblo mío, y os traeré a la tierra de Israel. Y, cuando abra vuestros sepulcros y os saque de vuestros sepulcros, pueblo mío, sabréis que soy el Señor. Os infundiré mi espíritu, y viviréis; os colocaré en vuestra tierra, y sabréis que yo, el Señor, lo digo y lo hago». Oráculo del Señor.
Cristo, Hijo de Dios vivo,
ten piedad de nosotros. Cristo…
Cántico de Zacarías(Texto contraportada B)
De madrugada, se acercó Jesús a los discípulos, andando sobre el agua, y les dijo: «¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!»
El Mesías y su precursor
Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.
Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.
Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.
Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.
Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Preces
A Jesús, que dijo a sus apóstoles: «¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!», le decimos:
Señor, contigo nos sentimos seguros.
En la mañana de este domingo, recordamos que tú siempre estás con nosotros,
Tu presencia en el sacramento de la Eucaristía nos impulsa a hacer el bien,
Recordamos a los que sienten la tentación de quedarse en el camino,
Si por presunción queremos ir más allá de nuestras fuerzas o, por el contrario, nos sentimos paralizados por el miedo,
Intenciones libres
Padre nuestro…
Dios todopoderoso y eterno, a quien, enseñados por el Espíritu Santo, invocamos con el nombre de Padre, intensifica en nuestros corazones el espíritu de hijos adoptivos tuyos, para que merezcamos entrar en posesión de la herencia que nos tienes prometida. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
Oración de la tarde
Adoremos y demos gracias a nuestro Dios:
al Padre, al Hijo, al Espíritu Santo.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo…
Himno
Tú no me dices nada ni yo te digo nada;
si tú lo sabes todo ¿qué voy a decirte?
Sabes todas mis penas, todas mis alegrías,
sabes que vengo a verte con las manos vacías
y que no tengo nada que te pueda servir.
Siempre que vengo a verte, siempre te encuentro solo:
¿será, Señor, que nadie sabe que estás aquí?
No sé, pero sé, en cambio, que aunque nadie viniera,
aunque nadie te amara ni te lo agradeciera,
aquí estarías siempre esperándome a mí…
¿Por qué no vendré más?
¡Qué ciego estoy, qué ciego!
Si sé por experiencia que cuando a ti me llego
siempre vuelvo cambiado, siempre salgo mejor.
¿A dónde voy, Dios mío, cuando a mi Dios no vengo?
¡Si tú me esperas siempre! Si a ti siempre te tengo,
si jamás me has cerrado las puertas de tu Amor.
Amén.
Salmo 110
Doy gracias al Señor de todo corazón,
en compañía de los rectos, en la asamblea.
Grandes son las obras del Señor,
dignas de estudio para los que las aman.
Esplendor y belleza son su obra,
su generosidad dura por siempre;
ha hecho maravillas memorables,
el Señor es piadoso y clemente.
Él da alimento a sus fieles,
recordando siempre su alianza,
mostró a su pueblo la fuerza de su obrar,
dándoles la heredad de los gentiles.
Justicia y verdad son las obras de sus manos,
todos sus preceptos merecen confianza:
son estables para siempre jamás,
se han de cumplir con verdad y rectitud.
Envió la redención a su pueblo,
ratificó para siempre su alianza:
su nombre es sagrado y temible.
Primicia de la sabiduría es el temor del Señor,
tienen buen juicio los que lo practican;
la alabanza del Señor dura por siempre.
Gloria al Padre…
Palabra de Dios1 Pedro 1,3-5
Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que en su gran misericordia, por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha hecho nacer de nuevo para una esperanza viva, para una herencia incorruptible, pura, imperecedera, que os está reservada en el cielo. La fuerza de Dios os custodia en la fe para la salvación que aguarda a manifestarse en el momento final.
Bendito eres, Señor,
en la bóveda del cielo. Bendito…
Cántico de María(Texto contraportada A)
«Señor, mándame ir hacia ti andando sobre el agua». Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: «¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?»
Alegría del alma en el Señor
Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
–como lo había prometido a nuestros padres–
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo…
Preces
Como Pedro cuando se hundía en el lago, nos damos cuenta de que solo el Señor puede salvarnos. Con confianza, pedimos:
Señor, danos tu salvación.
Te pedimos por la Iglesia,
– haz que experimente cada día el poder de tu diestra poderosa.
Por los gobernantes,
– para que no les falte tu ayuda para trabajar en favor de la justicia y la paz.
Por los marineros, los pescadores y cuantos viajan por el mar,
– haz que puedan hacerlo con seguridad y experimenten tu protección.
Por todos los que se ven en peligro o en situaciones difíciles,
– para que puedan sostenerse en la fe y encuentren ayuda.
Por cuantos ya han cerrado sus ojos a la luz de este mundo,
– por tu misericordia, haz que puedan contemplar el resplandor de tu rostro.
Intenciones libres
Padre nuestro…










