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Viernes, 17 De Abril
Santa Catalina Tekakwitha

La patrona de la ecología

TEKAKWITHA
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En un asentamiento indio de Ossessernon, la actual Auriesville, en lo que hoy es el estado de Nueva York, nació Tekakwitha en el año 1656. Su madre era una cristiana india algonquina raptada por los indios iroqueses y casada con un jefe mohawk, su padre.

Cuando tenía 4 años, una devastadora epidemia de viruela mató a sus padres y a su hermano pequeño, y a ella le dejó con graves problemas de visión y unas visibles marcas en la cara.

Tekakwitha fue adoptada entonces por sus tíos. Cuando tenía 10 años, se trasladó a vivir al norte del río Hudson, donde los supervivientes de un ataque a su asentamiento de origen construyeron una fortificación, cerca de la actual ciudad de Fonda que hoy acoge el Santuario Nacional de Katerine.

ST KATERI NATIONAL SHRINE

Courtesy of St. Kateri Shrine

A medida que fue creciendo, su figura se hizo esbelta y fuerte. Pero no era fácil para una chica tener la cara llena de cicatrices; en alguna ocasión tuvo incluso que cubrirse el rostro por ello.

Quizás todavía más difícil fue hacer suya la herencia más valiosa de su madre, la fe cristiana. Conoció la fe católica en secreto y pidió ser bautizada al misionero jesuita que servía en aquella zona del norte de América. Por ello fue ridiculizada y despreciada.

Firme en su opción, el domingo de Pascua de 1676, con 20 años de edad, recibió el bautismo, tomando el nombre de Catalina, inspirada por santa Catalina de Siena.

En un lugar escondido en el bosque se retiraba a rezar. Ofrecía a Dios duros ayunos y sacrificios. Cada vez amaba más a Jesucristo. Y con tal pasión y exclusividad, que no quería ningún otro esposo. 

Pero todo esto no era tan fácilmente comprensible por su tribu iroquí. ¿Por qué se negaba a trabajar en domingo? Se quedaría sin comer ese día. ¿Qué futuro tendrá si no se casa? Raptémosla y concertemos un matrimonio aunque no quiera...

Catalina Tekakwitha, sin embargo, estaba dispuesta a luchar por su libertad, así que, ayudada por un sacerdote, escapó de su pueblo y caminó unos 320 kilómetros por el bosque hasta un asentamiento de indios cristianos cercano a lo que hoy es Montreal, en Canadá.

Allí iba a misa cada día (a menudo dos veces al día, al amanecer y al anochecer), oraba e intentaba agradar a Dios con su trabajo, cuidando a ancianos y enfermos y dando catequesis a los niños, con amabilidad, buen humor y espíritu de mortificación.

TEKAKWITHA

kateritekakwitha.net

En 1679, con 23 años, hizo voto de perpetua virginidad. Se ofreció a la Virgen. Y llevó una sencilla vida cristiana hasta su muerte, el 17 de abril de 1680.

Sus últimas palabras fueron: “Jesús, te quiero”, según está inscrito en una imagen de la santa en su santuario.

Patricia Navas / Aleteia

Cuentan que al morir desparecieron las marcas de la viruela de su cara. Lo que está claro es que muchos -tanto nativos como colonos- empezaron a admirarla y a pedirle favores, y acabó convirtiéndose en la primera santa amerindia. Su tumba puede visitarse en Kahnawake, Quebec, Canadá.

TEKAKWITHA

kateritekakwitha.net

San Juan Pablo II la calificó como “gentil, dócil, laboriosa” al beatificarla en 1980. Y Benedicto XVI, cuando la canonizó en 2012, destacó la acción de la gracia en su vida y la firmeza de su vocación a la virginidad, tan particular para su cultura.

Aunque Kateri no asumió las creencias religiosas de su tribu, sí mantuvo muchas de sus tradiciones y valores, como un profundo respeto a la naturaleza en su reconocimiento del “Espíritu Creador”, que ella reconoció además como un padre amoroso y misericordioso. Por eso es reconocida por muchos, junto a san Francisco de Asís, como patrona de la ecología.

Llamada por algunos “la pocahontas cristiana”, esta indígena “reconoció que la desventaja de la viruela y la pérdida de su padre, madre y hermano por este virus no eran una maldición de Dios sino un rastro para seguir Su Voluntad. Tal valentía humana es de hecho un “salto de fe””, señala el capellán de su santuario, Tim Lyons, en una carta enviada a los amigos de Kateri este mes de agosto de 2019.

“Ella usó lo negativo como señales divinas en su camino cristiano para convertirse en otro Cristo -añade-. Santa Kateri humildemente halló su inspiración y su significado en los altibajos de la vida encontrando a Jesucristo en los aspectos negativos de la vida”.

Puedes dirigirte a ella para pedirle lo que necesites, y si quieres rezarle esta oración:

Santa Kateri, lirio de los mohawks,
quisiéramos, como tú,
percibir en la naturaleza a nuestro creador,
en las dificultades su amor misericordioso.

Ayúdanos a enamorarnos de Cristo
con tu pasión y dulzura,
a permanecer firmes en nuestra fe
y en las opciones de vida que Él nos inspira,
a pesar de que a nuestro alrededor muchos no nos entiendan,
o de no encajar con algunos valores de nuestra cultura.

Ayúdanos a alcanzar la concordia entre los pueblos,
y pide a Dios que los más desarmados sean respetados
y podamos convivir todos
y enriquecernos unos a otros con nuestra belleza más genuina. 

Santa Kateri, ruega por nosotros.

 

Más información sobre santa Kateri, aquí

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Jesús se apareció otra vez a los discípulos a orillas del mar de Tiberíades. Sucedió así:
estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos.
Simón Pedro les dijo: "Voy a pescar". Ellos le respondieron: "Vamos también nosotros". Salieron y subieron a la barca. Pero esa noche no pescaron nada.
Al amanecer, Jesús estaba en la orilla, aunque los discípulos no sabían que era él.
Jesús les dijo: "Muchachos, ¿tienen algo para comer?". Ellos respondieron: "No".
El les dijo: "Tiren la red a la derecha de la barca y encontrarán". Ellos la tiraron y se llenó tanto de peces que no podían arrastrarla.
El discípulo al que Jesús amaba dijo a Pedro: "¡Es el Señor!". Cuando Simón Pedro oyó que era el Señor, se ciñó la túnica, que era lo único que llevaba puesto, y se tiró al agua.
Los otros discípulos fueron en la barca, arrastrando la red con los peces, porque estaban sólo a unos cien metros de la orilla.
Al bajar a tierra vieron que había fuego preparado, un pescado sobre las brasas y pan.
Jesús les dijo: "Traigan algunos de los pescados que acaban de sacar".
Simón Pedro subió a la barca y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: eran ciento cincuenta y tres y, a pesar de ser tantos, la red no se rompió.
Jesús les dijo: "Vengan a comer". Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: "¿Quién eres", porque sabían que era el Señor.
Jesús se acercó, tomó el pan y se lo dio, e hizo lo mismo con el pescado.
Esta fue la tercera vez que Jesús resucitado se apareció a sus discípulos. Jn. 21,1-14

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