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lunes 12 abril |
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Hoy celebramos a...Historias de Santos

San Juan Gualberto

Protector contra las obsesiones y patrono de los trabajadores forestales

Sailko CC

San Juan Gualberto era hijo de una acomodada familia de Florencia, dueña de castillos y ricas posesiones. Eran dos hermanos, Juan y Hugo. Una familia feliz, hasta que en una triste ocasión Hugo había sido asesinado.

La vida de Juan cambió radicalmente el día de Viernes Santo de 1003, cuando tenía 18 años. Fue su «camino de Damasco». Juan era un joven despreocupado que asistía a la iglesia sólo en las grandes solemnidades. Juan no sabía explicarse las profundas emociones que había experimentado en la iglesia aquel día, en los oficios solemnes que conmemoraban la muerte del Señor.

Al adorar la cruz, todos notaron en él una devoción especial. Terminados los oficios religiosos partió hacia Siena, bien armado en su caballo. La primavera sonreía en los campos, pero no tanto en su corazón.

Borrada de repente la imagen de Jesús en la cruz, que tanto le impresionara hace unas horas, sólo veía la de su hermano desangrándose en tierra, mientras se imaginaba encontrarse con el asesino y enrojecer con la sangre del traidor la espada que llevaba, que era la de su hermano.

Todavía se entretenía su mente con estos pensamientos, cuando en una curva del camino se presentó ante sus ojos, a pie y desarmado y llevando de la mano un niño, precisamente el asesino de su hermano. Juan saltó del caballo como un rayo, espada en mano.

El asesino no intentó huir. Era inútil. Se arrodilló con los brazos en cruz, y sólo le dijo una palabra: «Perdón». Juan no le escuchaba, y se disponía a asestarle un golpe mortal a su enemigo. Viéndose éste perdido sin remisión, aún musitó, entre la vida y la muerte: «Jesús, Hijo de Dios, perdóname tú al menos».

Fue entonces cuando la gracia divina obró en el corazón de Juan. Ya no veía a su enemigo de rodillas ni al niño llorando. Sólo veía a Jesús muerto en la cruz por él, que tanto le había emocionado poco antes en la iglesia.

Ya no escuchaba el gemido del que le pedía perdón, sino, las palabras de Jesús: «Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen».

Arrojó la espada, se tiró a tierra, levantó al asesino, le abrazó y le dijo: «Hermano, te concedo el perdón que me pides, por la sangre que hoy derramó Jesús en la cruz». El asesino le besó la mano y se marchó.

Murió el 12 de julio del año 1073 en el monasterio de Passignano.

Oremos

Señor Dios todopoderoso, que nos has revelado que el amor a Dios y al prójimo es el compendio de toda tu Ley, haz que, imitando la caridad de San Juan Gualberto seamos contados un día entre los elegidos de tu reino. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Artículo publicado por Evangeliodeldia.org

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