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Miércoles, 09 De Octubre
San Héctor Valdivielso

El primer santo nacido en la Argentina

HECTOR VALDIVIESO
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Héctor Valdivielso Sáez nació en Buenos Aires el 31 de octubre de 1910. A los 4 años se trasladó con su familia, de origen español, al pueblo de Briviesca, en la provincia de Burgos.

Cuando tenía 12 años, entró, junto a su hermano mayor, a la congregación de los Hermanos de las Escuelas Cristianas con el sueño de ser misionero. Continuó su formación en Bélgica.

En 1926 se convirtió en hermano de La Salle, con el nombre de Benito de Jesús. Tres años más tarde volvió a España para enseñar como maestro.

En el pueblo de Turón se dedicó en cuerpo y alma a sus alumnos, muchos de ellos hijos de mineros. Pero eran tiempos convulsos en España. Los cristianos eran perseguidos.

Con solo 24 años de edad, fue detenido, junto a seis hermanos de La Salle y un padre pasionista, por los comunistas. Tras pasar varios días en la "Casa del Pueblo", fueron conducidos al cementerio y fusilados sin ser juzgados.

La Iglesia lo reconoció -junto a sus compañeros, los "mártires de Asturias"- como beato el 29 de abril de 1990. Ese día ocurrió algo extraordinario que más tarde la Iglesia consideró como el milagro necesario para declarar santo a Héctor.

Fue en Managua, Nicaragua, en el hospital Berta Calderón, donde la joven Rafaela Bravo luchaba contra un cáncer de útero. Los médicos le daban unas semanas de vida.

Su marido había estudiado en un colegio de La Salle y, por invitación del director de la escuela, rezó dos novenas pidiendo la intercesión de los mártires para que Rafaela se curara.

Esa noche, Rafaela sintió unos fuertes dolores y expulsó un coágulo de sangre. Al día siguiente estaba totalmente curada, de manera inexplicable para los médicos. El 21 de noviembre de 1999, Héctor fue canonizado en el Vaticano.

 

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Un día, Jesús estaba orando en cierto lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: "Señor, enséñanos a orar, así como Juan enseñó a sus discípulos".
El les dijo entonces: "Cuando oren, digan: Padre, santificado sea tu Nombre, que venga tu Reino;
danos cada día nuestro pan cotidiano;
perdona nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a aquellos que nos ofenden; y no nos dejes caer en la tentación". Lc. 11,1-4

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