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Miércoles, 06 De Mayo
Santo Domingo Savio

Un gran modelo de vida para niños y adolescentes

DOMINIK SAVIO
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Un día se quedó absorto ante la Eucaristía durante siete horas. Después de buscarlo afanosamente por todos los lugares, Don Bosco lo halló ante el sagrario, y Domingo le pidió perdón por haber transgredido las reglas.

Le horrorizaba el pecado, sobre todo, el de impureza. La Virgen le alumbró rescatándole de las malsanas curiosidades de esas edades de la adolescencia contra las que luchaba titánicamente consagrándose a la Inmaculada.

Algunos años después de morir, cuando se apareció a Don Bosco en uno de sus famosos sueños, le preguntó: "Domingo, ¿qué es lo que más te consoló en el momento de tu muerte?". Y él respondió: "La asistencia de la poderosa y amable Madre del Salvador".

Era firme y dulce a la par. Sentía dolorosas turbaciones y dudas de conciencia, que le instaban a confesarse cada tres o cuatro días. Su ansia de penitencias era insaciable porque quería unirse a los sufrimientos de Jesús en la cruz.

San Juan Bosco le ayudó en esa etapa convulsa de la vida, y no tuvo problemas en encauzarlo porque en Domingo eran proverbiales su obediencia, docilidad y generosidad.

En la biografía que escribió de él, el fundador expuso los matices de un camino que hicieron de este joven el santo que es.

Se percibe cómo llegó a realizar este anhelo: "Yo quiero entregarme todo al Señor. Yo debo y quiero pertenecer todo al Señor".

Caritativo, humilde, devoto de Jesús Sacramentado y de María, experimentaba también un gran amor por el Santo Padre. Fue agraciado con numerosos favores místicos.

Era de salud delicada, y en 1857 ésta se agravó con una pulmonía. El médico aconsejó que viajara a Mondonio para reponerse.

Al despedirse, intuyendo su pronta muerte, se dirigió a Don Bosco y a sus compañeros, diciéndoles: "Nos veremos en el paraíso".

Y el 9 de marzo de ese año voló al cielo después de haber recitado las oraciones que se leían a los agonizantes, y que su padre rezaba.

Sus últimas palabras fueron: "Papá, ya es hora […]. Adiós, querido papá, adiós. ¡Oh, qué hermosas cosas veo!". Pío XII lo beatificó el 5 de marzo de 1950, y también lo canonizó el 12 de junio de 1954.

Oración

Señor Dios todopoderoso, que nos has revelado que el amor a Dios y al prójimo es el compendio de toda tu ley, haz que, imitando la caridad de santo Domingo Savio seamos contados un día entre los elegidos de tu reino. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

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Artículo publicado originalmente por evangeliodeldia.org 

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Jesús exclamó: "El que cree en mí, en realidad no cree en mí, sino en aquel que me envió.
Y el que me ve, ve al que me envió.
Yo soy la luz, y he venido al mundo para que todo el que crea en mí no permanezca en las tinieblas.
Al que escucha mis palabras y no las cumple, yo no lo juzgo, porque no vine a juzgar al mundo, sino a salvarlo.
El que me rechaza y no recibe mis palabras, ya tiene quien lo juzgue: la palabra que yo he anunciado es la que lo juzgará en el último día.
Porque yo no hablé por mí mismo: el Padre que me ha enviado me ordenó lo que debía decir y anunciar;
y yo sé que su mandato es Vida eterna. Las palabras que digo, las digo como el Padre me lo ordenó". Jn. 12,44-50

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