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Miércoles, 01 De Enero
Santa María Madre de Dios

Conoce el significado de la fiesta mariana más antigua

MARY AND JESUS
alphaspirit | Shutterstock
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María es la madre de Jesús, que es Dios, por lo que ella es la Madre de Dios. Esta es la fe que da origen a la celebración católica del primer día del año, la fiesta mariana más antigua de Occidente: María Madre de Dios.

La mujer escogida para traer a Jesús al mundo nació ya sin el pecado original y siendo muy joven fue avisada por un ángel, Gabriel, de esa gran misión que estaba llamada a realizar.

Al de dar su sí al plan de Dios anunciado por el ángel, quedó embarazada con la única intervención del Espíritu Santo, permaneciendo virgen.

Desde el principio el camino de dar a luz a Dios hecho hombre estuvo marcado por los problemas humanos, su espíritu humilde, servicial y dócil y la gracia divina.

El Evangelio de Lucas relata que durante la gestación de Jesús, María salió de su casa para visitar a su prima Isabel (también embarazada de Juan y de edad avanzada) y más tarde para acompañar a su esposo José a empadronarse en Belén.

Allí nació su hijo en circunstancias humanamente muy precarias. María convivió con Jesús en casa junto a José toda su infancia y juventud.

De la infancia del hijo de Dios, el Evangelio destaca que sus padres cumplieron las leyes judías (le circuncidaron, lo presentaron en el templo).

También que en una ocasión, cuando tenía 12 años, sus padres lo perdieron durante tres días en Jerusalén y después de buscarlo con angustia lo encontraron en el templo conversando con los maestros.

"¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?", les respondió cuando le preguntaron. María conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón.

María siempre acompañó a su hijo, aunque más desde la distancia durante los tres años de vida pública de Jesús. Él valoró, por encima incluso de que fuera su madre biológica, que ella cumpliera la voluntad de Dios.

María permaneció también a su lado durante su ejecución en la cruz. En aquel momento, Jesús se la entregó a su discípulo Juan (“He ahí a tu madre”, le dijo) y con él a todas las personas, haciéndola madre de todos.

Los católicos siempre han venerado a María como madre de Dios. En el año 431, Nestorio lo negó y los 200 obispos del mundo de aquel momento se reunieron en la ciudad donde María pasó sus últimos años, Éfeso y declararon: “La Virgen María sí es Madre de Dios porque su Hijo, Cristo, es Dios”.

De hecho, el nombre que más usaban los cristianos para referirse a ella en Oriente y Occidente era “María, Madre de Dios” (en griego, Theotokos: la que dio a luz a Dios).

También hoy así la nombran con fe católicos de todo el mundo, y por eso la Iglesia empieza el año pidiendo su protección.

 

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Los pastores fueron rápidamente y encontraron a María, a José, y al recién nacido acostado en el pesebre.
Al verlo, contaron lo que habían oído decir sobre este niño,
y todos los que los escuchaban quedaron admirados de lo que decían los pastores.
Mientras tanto, María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón.
Y los pastores volvieron, alabando y glorificando a Dios por todo lo que habían visto y oído, conforme al anuncio que habían recibido.
Ocho días después, llegó el tiempo de circuncidar al niño y se le puso el nombre de Jesús, nombre que le había sido dado por el Angel antes de su concepción. Lc. 2,16-21

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